PURA BRASA. BILBAO
Me hubiera gustado que la comida fuera grasienta para poder hacer la gracia de cambiarle el nombre por el de "Pura Grasa", pero no, no estaba grasienta, ni siquiera mala. Sin embargo, merece que después de cuatro años sin encontrar ningún sitio digno de entrar en este blog, este restaurante de una zona noble de Bilbao pase a formar parte de la lista negra de los"Sitios a los que no ir".
El sitio me ha resultado un tanto extraño. Al tomar asiento detecté un hilo musical incómodo, sin llegar a ser molesto. Si cerrara los ojos podría imaginar fácilmente que estuviera en la Ciudad Prohibida oyendo a viejos músicos chinos tocando sus "erhus". Choca un poco siendo un asador en el centro de Bilbao, pero bueno. El siguiente tema dio un brusco giro étnico y geográfico para deleitarnos con flautas de pan peruanas y canciones de rock en su versión más andina. Un deleite para los oídos más exigentes... Y así, un no parar.
Pero esto no es lo importante en un restaurante. En un restaurante lo más importante es la comida y la comodidad. Lo cual en este caso no hay nada asegurado. Las sillas están muy bien pensadas para que no te quedes mucho rato. Las sobremesas no son bien vistas en este establecimiento. Más de una hora ahí sentado y se te queda el culo plano. ¡Menudos tablones!
Por otro lado la comida, no sabe mal, ni es grasienta, pero tampoco es nada del otro mundo, y lo cobran como si sólo sirvieran percebes y cigalas. Me explico. Éramos cuatro para cenar, y pedimos cuatro raciones para compartir. Después de que el camarero (muy amable) nos tomara nota, le pregunté que si así era suficiente, a lo que jocosamente me respondió:
- ¡Bueno, eso yo me lo pido de aperitivo, y después una chuleta para rematar, ja, ja, ja!
¡Qué gracioso este chico de Bilbao! Pensé yo para mis adentros. Sin embargo, cuando empezó a llegar la comida empecé a comprender al hilarante sujeto.
De primero croquetas caseras de bacalao. ¿Ocho eurazos con cincuenta céntimos (8,5€) por cuatro (4) croquetas? Lo pongo con número y letra por si a algún despistado se le escapa la barbaridad que es. Y no estaban malas. Pero lo grave es que tampoco estaban buenas para que me dieran esa bofetada, eran unas croquetas, sin más. Croquetas y punto. Se les va la olla...
El siguiente plato es de campeonato. No sé cual le pisa los pies al otro en precio y mediocridad. Surtido de quesos del mundo... Venga, venga, venga... ¡Vaya pegote se tiran! Dos lonchas de queso manchego cortadas por un cortador de jamón de los buenos. Finitas, finitas. De las que pasan por debajo de las puertas sin rozar la parte de arriba. Dos de otro queso de similar textura (no soy un experto, pero creo que eran de otro manchego menos curado) y mismo corte. Dos medallones de camembert del radio de un vaso de chupito y un grosor un centímetro y dos minicuchilladas de queso azul y una minima cortesía de membrillo. ¡¡¡¡DIECISIETE CON CINCUENTA!!!!! No había ni cincuenta gramos de queso en ese plato.
La brocheta de pollo una comedia. Venga, 13€ por 5 trozos de pollo del tamaño de medio pulgar. no merece la pena que gaste más energía tecleando. Y lo último, huevos rotos (los tuvimos que romper nosotros) tan pasados que las yemas eran tortilla con morcilla de burgos. La morcilla echada por encima como quien echa sal gorda a una chuleta. Podían haber advertido que era espolvoreada desde la distancia y no morcilla en sí... En fin. Ya no me acuerdo del precio, pero seguro que para caerse muerto. Todos los platos con patatas fritas. Hasta las croquetas, joder, que le pegan menos que a un Cristo dos pistolas.
En general todo muy mediocre. y el local muy feo. ¡Horrible! Y la música, ¡una mierda también!
NO SE ACERQUEN. GO. RUN. GO AWAY. SAL PITANDO.
martes, 19 de noviembre de 2019
jueves, 31 de diciembre de 2015
BALNEARIO LA HERMIDA
Hacía tiempo que no encontraba un sitio digno para reflejar en mi blog, y aunque no lo crean, estaba contento por ello. Sin embargo, hace una semana estuve en este sitio de Cantabria (ya lo sé, parezco masoquista y tonto a la vez) y es que es acercarse por esta tierra y ¡zás! ya está, ya hay algo para el blog.
Al lío. Fuimos mi mujer y yo a que nos dieran unas friegas con ungüentos. Llegamos al hotel a las 17:30 y nuestra cita en el balneario era para las 17:45. Allí, tras el mostrador, había una rolliza recepcionista con cara de pocos amigos. Tras anunciarle nuestra llegada, me echa una mirada de esas que te atraviesan, coge mi DNI y se pone a teclear. Las "buenas tardes" ya las había agotado todas en la cuadra de su padre con las vacas. Tras un largo tecleado, me da unas hojas para rellenar, el registro, la llave, no sé que papeles más, etc. Luego le pregunto por donde accedo a la zona de balneario y me suelta la información con el desprecio del que escupe una flema al suelo. Ni que estuviéramos entrando allí como okupas a su casa... En fin.
Del balneario ninguna queja más que las camillas eran más duras e incómodas que si fueran de granito, pero las chicas muy amables y creo que profesionales (porque en estas cosas, y en alguna más, soy un ignorante).
Al día siguiente bajamos a desayunar. Nos sentamos en una mesa para cuatro. No tardaron ni un minuto en levantarnos de allí para que nos pusiéramos en una de dos en su vacío salón para desayunos. La verdad es que el desayuno, llamarlo basuriento, sería ofrecerle un piropo. Zumo de naranja de los fosforitos, embutido elástico, pan malejo, café otro tanto de lo mismo, poca variedad, poca cantidad y regado de la cara de pocos amigos del personal del hotel que allí se encontraba.
Con la pasta que te dejas ( el año pasado fui a Sevilla tres noches por la misma pasta), ya podían ofrecerte una sonrisa (que es gratis) y no tratarte como un paria. Y gastar un poco más en el desayuno y no rozar el riesgo de envenenamiento. La chica de recepción del día siguiente era más amable y la habitación en sí no estaba mal, pero eso ya se me ha olvidado, porque yo sólo me quedo con lo malo.
Salud y buenos alimentos.
Al lío. Fuimos mi mujer y yo a que nos dieran unas friegas con ungüentos. Llegamos al hotel a las 17:30 y nuestra cita en el balneario era para las 17:45. Allí, tras el mostrador, había una rolliza recepcionista con cara de pocos amigos. Tras anunciarle nuestra llegada, me echa una mirada de esas que te atraviesan, coge mi DNI y se pone a teclear. Las "buenas tardes" ya las había agotado todas en la cuadra de su padre con las vacas. Tras un largo tecleado, me da unas hojas para rellenar, el registro, la llave, no sé que papeles más, etc. Luego le pregunto por donde accedo a la zona de balneario y me suelta la información con el desprecio del que escupe una flema al suelo. Ni que estuviéramos entrando allí como okupas a su casa... En fin.
Del balneario ninguna queja más que las camillas eran más duras e incómodas que si fueran de granito, pero las chicas muy amables y creo que profesionales (porque en estas cosas, y en alguna más, soy un ignorante).
Al día siguiente bajamos a desayunar. Nos sentamos en una mesa para cuatro. No tardaron ni un minuto en levantarnos de allí para que nos pusiéramos en una de dos en su vacío salón para desayunos. La verdad es que el desayuno, llamarlo basuriento, sería ofrecerle un piropo. Zumo de naranja de los fosforitos, embutido elástico, pan malejo, café otro tanto de lo mismo, poca variedad, poca cantidad y regado de la cara de pocos amigos del personal del hotel que allí se encontraba.
Con la pasta que te dejas ( el año pasado fui a Sevilla tres noches por la misma pasta), ya podían ofrecerte una sonrisa (que es gratis) y no tratarte como un paria. Y gastar un poco más en el desayuno y no rozar el riesgo de envenenamiento. La chica de recepción del día siguiente era más amable y la habitación en sí no estaba mal, pero eso ya se me ha olvidado, porque yo sólo me quedo con lo malo.
Salud y buenos alimentos.
lunes, 2 de marzo de 2015
MELIA CASTILLA (MADRID)
Es la tercera vez que vengo a este hotel en mi vida. La primera en 1986, con mis padres. La segunda en Octubre de 2014. Y la última, pues bueno, estoy escribiendo esta nueva entrada sobre una de las camas de la habitación 701 de este Melia, mal llamado Castilla, y al que debiron haberle cambiado el nombre, porque el que le pega es "Castillo".
La verdad es que el hotel, está tal y como lo recordaba en el 86. No ha cambiado nada exceptuando las televisiones. Aunque las podían haber comprado más grandes, porque si algo bueno tiene este hotel, son las dimensiones de la habitación, por lo que (al menos a mi) me queda excesivamente pequeña y no sé si la peli es de dibujos o normal. Pero eso es una nadería. Me explico:
1.- La insonoricación del hotel es menos que insuficiente. Los ascensores no parecen ascensores, sino el tráfico de la M30 a las 08:00 AM.
2.- El desayuno, que cuesta 30€ - 36€, tiene la misma calidad que el que me dieron una vez cuando me quedé tirado por la nieve en mitad de Castilla (qué ironía) y la Cruz Roja nos alojó en un polideportivo con latas de superviviencia más lo que aportó la caridad de los vecinos locales.
3.- El parking sigue pintado para los coches de cuando se innauguró el hotel, Simca 1000, 600, Talbot Horizon, R5, etc... Por lo que meter un coche de dimensiones actuales es complicadísimo. Y la pastísima que cuesta...
4.- He tenido la desgracia de comer y cenar en el hotel, en el buffet (no por decisión propia, si no por trabajo). La comida está hecha sin ningún tipo de estima propia por la persona encargada de cocina. No sé lo que cuesta, pero si tienes una hora, sal corriendo a comer a caulquier sitio de los alrededores.
Como podéis ver, es un completo... A 190€ la noche (hoy) sin desayuno (un alivio)... ¡Ojico!
Salud y buenos alimentos.
La verdad es que el hotel, está tal y como lo recordaba en el 86. No ha cambiado nada exceptuando las televisiones. Aunque las podían haber comprado más grandes, porque si algo bueno tiene este hotel, son las dimensiones de la habitación, por lo que (al menos a mi) me queda excesivamente pequeña y no sé si la peli es de dibujos o normal. Pero eso es una nadería. Me explico:
1.- La insonoricación del hotel es menos que insuficiente. Los ascensores no parecen ascensores, sino el tráfico de la M30 a las 08:00 AM.
2.- El desayuno, que cuesta 30€ - 36€, tiene la misma calidad que el que me dieron una vez cuando me quedé tirado por la nieve en mitad de Castilla (qué ironía) y la Cruz Roja nos alojó en un polideportivo con latas de superviviencia más lo que aportó la caridad de los vecinos locales.
3.- El parking sigue pintado para los coches de cuando se innauguró el hotel, Simca 1000, 600, Talbot Horizon, R5, etc... Por lo que meter un coche de dimensiones actuales es complicadísimo. Y la pastísima que cuesta...
4.- He tenido la desgracia de comer y cenar en el hotel, en el buffet (no por decisión propia, si no por trabajo). La comida está hecha sin ningún tipo de estima propia por la persona encargada de cocina. No sé lo que cuesta, pero si tienes una hora, sal corriendo a comer a caulquier sitio de los alrededores.
Como podéis ver, es un completo... A 190€ la noche (hoy) sin desayuno (un alivio)... ¡Ojico!
Salud y buenos alimentos.
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miércoles, 13 de agosto de 2014
LA CRUZ BLANCA. SANTANDER (como no...)
Pues es que cuando uno es bobo no aprende, y en este caso, pues como los intentos de envenenamiento en esta ciudad son constantes y no aprendo, pues casi me enveneno.
Entro aquí esquivando todos los sitios anteriores que salen en este blog en Santander. Están todos muy próximos. Pido el menú. Algo sencillo. Una ensalada de pasta y un escalope... Nada más, ni cosas raras ni naaaaa... Bueno, pues a la ensalada de pasta, le echan chopitos por encima. Refritos y refríos . Y no entiendo yo este punto de imaginación de última hora. ¿Le han dicho al cocinero que tiene que ser creativo? ¡Joder! Pues que no se pase porque lo van a fichar en Apple como siga en esa línea. Entiendo por una ensalada de pasta algo fresquito, ligero. ¿Qué puñetera necesidad había de echarle fritanga de la chunga por encima? ¿Sobraban? ¿Los rescataron de algún plato de otra mesa y les da apuro tirar comida?
Cuando llegaba el escalope lo detecté a lo lejos. El mismo olor fritangoso, espeso y asqueroso de los chopitos se acercaba por el pasillo de entre las mesas. ¡Puf! He comido un poquito. Y una patata frita. ¡Qué me lo saquen ya! No quiero tener que digerirlo.
Postre no me ha ofrecido directamente. Ha debido notar mi malestar físico según iba avanzando la ingesta. Seguro que había fritanga de nuevo.
Como siga tachando sitios en esta ciudad voy a tener que empezar a gastar 50€ para comer. Y ni así. Si es que a este sitio, en vez de La Cruz Blanca deberían haberlo llamado La Cruz Frita.
PD: aún no he pagado y ya siento los efectos de la fritanga en mi cuerpo.
Entro aquí esquivando todos los sitios anteriores que salen en este blog en Santander. Están todos muy próximos. Pido el menú. Algo sencillo. Una ensalada de pasta y un escalope... Nada más, ni cosas raras ni naaaaa... Bueno, pues a la ensalada de pasta, le echan chopitos por encima. Refritos y refríos . Y no entiendo yo este punto de imaginación de última hora. ¿Le han dicho al cocinero que tiene que ser creativo? ¡Joder! Pues que no se pase porque lo van a fichar en Apple como siga en esa línea. Entiendo por una ensalada de pasta algo fresquito, ligero. ¿Qué puñetera necesidad había de echarle fritanga de la chunga por encima? ¿Sobraban? ¿Los rescataron de algún plato de otra mesa y les da apuro tirar comida?
Cuando llegaba el escalope lo detecté a lo lejos. El mismo olor fritangoso, espeso y asqueroso de los chopitos se acercaba por el pasillo de entre las mesas. ¡Puf! He comido un poquito. Y una patata frita. ¡Qué me lo saquen ya! No quiero tener que digerirlo.
Postre no me ha ofrecido directamente. Ha debido notar mi malestar físico según iba avanzando la ingesta. Seguro que había fritanga de nuevo.
Como siga tachando sitios en esta ciudad voy a tener que empezar a gastar 50€ para comer. Y ni así. Si es que a este sitio, en vez de La Cruz Blanca deberían haberlo llamado La Cruz Frita.
PD: aún no he pagado y ya siento los efectos de la fritanga en mi cuerpo.
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miércoles, 9 de julio de 2014
HOTEL ALBRET PAMPLONA
El hotel Albret, en Pamplona, es a lo que podemos llamar hoy un mal hotel. Un mal sitio. Es mejor evitarlo si se puede.
No está muy céntrico, ni cercano a nada en especial. Gracias a Dios es económico, que es lo único que tiene a su favor, ya que deja bastante que desear en todos los demás aspectos que se tienen en cuenta a la hora de valorar un establecimiento de estas características.
La última reforma, si es que la ha tenido, es de los primeros ochenta. Las habitaciones son ruidosas y no demasiado cómodas. Los enchufes están puestos a mala baba para que no tengas ningún aparato (teléfono, tablet, radio...) al alcance de la mano si necesitan batería, y tengas que levantarte todo el rato. Por cierto, sólo hay dos... Uno en la habitación y otro en el baño. No vaya a ser que se disparé la factura de la luz...
El desayuno ha sido toda una sorpresa. La tortilla de patatas era de campeonato, pero de campeonato de torpes en la cocina. Mal sabor, mala textura y pocas ganas de hacer las cosas bien. El café me extraño que estuviera intomable también, ya que era de máquina industrial, pero cuando hay ganas de dar metralla... todo es posible. ¿Insuperable? Ni mucho menos.
Lamentablemente también comimos en el hotel, y uno de mis acompañantes, antes de llegar ya se lo temía... Pues sí, peor que el desayuno. El asequible menú a 24 €urazos incluía varios platos. Yo pedí gazpacho de primero. De cartón, pero que no se cortaron un pelo ni trataron de disimularlo poniéndole algo por encima, ni añadiendo un poco de aceite o vinagre par engañar, no. Sólo les faltó traer el brik y echarlo directamente delante nuestro. El entrecot que pedí era de carne de tercera o más allá. Una vergüenza. Y un arroz caldoso que pidió otra persona... de campeonato también, que lo probé.
Por cierto, pedí un bocata de jamón y pimientos antes de irme y la tía lo metió en el microondas. y torció la cara cuando se lo devolví diciendo que si los pinchos de ensaladilla rusa también los fundía en el micro. Culpa mía por no haber aprendido de los dos intentos anteriores de envenenamiento.
Un auténtico despropósito que contrasta con la amabilidad y profesionalidad de algunos (no todos, los menos) profesionales que allí trabajan.
Lamentablemente me tocará volver por aquí el año que viene ya que no depende de mi esta estancia.
NO SE LO RECOMIENDES NI AL CABRON DE TU JEFE.
No está muy céntrico, ni cercano a nada en especial. Gracias a Dios es económico, que es lo único que tiene a su favor, ya que deja bastante que desear en todos los demás aspectos que se tienen en cuenta a la hora de valorar un establecimiento de estas características.
La última reforma, si es que la ha tenido, es de los primeros ochenta. Las habitaciones son ruidosas y no demasiado cómodas. Los enchufes están puestos a mala baba para que no tengas ningún aparato (teléfono, tablet, radio...) al alcance de la mano si necesitan batería, y tengas que levantarte todo el rato. Por cierto, sólo hay dos... Uno en la habitación y otro en el baño. No vaya a ser que se disparé la factura de la luz...
El desayuno ha sido toda una sorpresa. La tortilla de patatas era de campeonato, pero de campeonato de torpes en la cocina. Mal sabor, mala textura y pocas ganas de hacer las cosas bien. El café me extraño que estuviera intomable también, ya que era de máquina industrial, pero cuando hay ganas de dar metralla... todo es posible. ¿Insuperable? Ni mucho menos.
Lamentablemente también comimos en el hotel, y uno de mis acompañantes, antes de llegar ya se lo temía... Pues sí, peor que el desayuno. El asequible menú a 24 €urazos incluía varios platos. Yo pedí gazpacho de primero. De cartón, pero que no se cortaron un pelo ni trataron de disimularlo poniéndole algo por encima, ni añadiendo un poco de aceite o vinagre par engañar, no. Sólo les faltó traer el brik y echarlo directamente delante nuestro. El entrecot que pedí era de carne de tercera o más allá. Una vergüenza. Y un arroz caldoso que pidió otra persona... de campeonato también, que lo probé.
Por cierto, pedí un bocata de jamón y pimientos antes de irme y la tía lo metió en el microondas. y torció la cara cuando se lo devolví diciendo que si los pinchos de ensaladilla rusa también los fundía en el micro. Culpa mía por no haber aprendido de los dos intentos anteriores de envenenamiento.
Un auténtico despropósito que contrasta con la amabilidad y profesionalidad de algunos (no todos, los menos) profesionales que allí trabajan.
Lamentablemente me tocará volver por aquí el año que viene ya que no depende de mi esta estancia.
NO SE LO RECOMIENDES NI AL CABRON DE TU JEFE.
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jueves, 6 de febrero de 2014
LA TABERNA DEL MAR, SANTANDER
Tanto va el cántaro a la fuente... Que le vamos a hacer, no vengo por placer, y me he esmerado en verle algo no tan malo a este sitio (Santander), pero al final, no puedo dejarlo pasar. Igual que cuando a un profesor le va a reclamar un alumno un 2. ¡No hombre, no!
Entré en este local buscando sitió para comer, después de haberme levantado de la mesa del local de al lado porque nadie me atendía (este lo comentaré otro día) a pesar de no haber nadie en el local. Cantabria infinita... ¡Y que lo digas! Infinita de ruina, de intrusos laborales y de gente que no atiende sus negocios con profesionalidad.
El caso es que me decanté por el local de al lado (aún estoy sentado en él) que también estaba desierto. Le pregunté al camarero para comer y me indicó que me sentara donde más me placiera. El menú del día no sonaba mal, y pedí arroz blanco con chirriones en su tinta de primero y de segundo un revuelto de gulas y gambas. Bastante pobre todo la verdad. El arroz (mira que es fácil hacer arroz blanco) no estaba muy bueno, los chirriones, dos, enanos, nada del otro mundo. En cuanto al revuelto, especiado con pimienta y una pizca de orégano, parecía que quería ocultar su verdadero sabor. El aspecto de las dos cosas no era el más apetecible tampoco, pero bueno... De verdad que me empeñé en que no era para tanto. Pero aquí llega el pequeño desastre... El tío, con toda la amabilidad el mundo, no me ofrece postre. Le pido la clave del wifi y me dice que no la sabe. Me pongo a trabajar con mi pincho y le digo que me cobre. Y los 50c que me tenía que traer de vuelta se los queda directamente. Se autopropinó... ¡Con un par! Igual es que ya no paso una, pero joder, los detalles que tiene alguna gente son para echarse las manos a la cabeza.
En fin, creo que soy el único primo que entra por aquí hoy en día, porque llevo desde las 14:30, son las 16:06 y aún no ha entrado nadie. Seguro qué estoy en otra dimensión. Voy a salir antes de que me absorba y me quede por aquí para siempre... ¡Uffff, qué horror!
La Taberna
C/ Hernán Cortés
Santander.
Entré en este local buscando sitió para comer, después de haberme levantado de la mesa del local de al lado porque nadie me atendía (este lo comentaré otro día) a pesar de no haber nadie en el local. Cantabria infinita... ¡Y que lo digas! Infinita de ruina, de intrusos laborales y de gente que no atiende sus negocios con profesionalidad.
El caso es que me decanté por el local de al lado (aún estoy sentado en él) que también estaba desierto. Le pregunté al camarero para comer y me indicó que me sentara donde más me placiera. El menú del día no sonaba mal, y pedí arroz blanco con chirriones en su tinta de primero y de segundo un revuelto de gulas y gambas. Bastante pobre todo la verdad. El arroz (mira que es fácil hacer arroz blanco) no estaba muy bueno, los chirriones, dos, enanos, nada del otro mundo. En cuanto al revuelto, especiado con pimienta y una pizca de orégano, parecía que quería ocultar su verdadero sabor. El aspecto de las dos cosas no era el más apetecible tampoco, pero bueno... De verdad que me empeñé en que no era para tanto. Pero aquí llega el pequeño desastre... El tío, con toda la amabilidad el mundo, no me ofrece postre. Le pido la clave del wifi y me dice que no la sabe. Me pongo a trabajar con mi pincho y le digo que me cobre. Y los 50c que me tenía que traer de vuelta se los queda directamente. Se autopropinó... ¡Con un par! Igual es que ya no paso una, pero joder, los detalles que tiene alguna gente son para echarse las manos a la cabeza.
En fin, creo que soy el único primo que entra por aquí hoy en día, porque llevo desde las 14:30, son las 16:06 y aún no ha entrado nadie. Seguro qué estoy en otra dimensión. Voy a salir antes de que me absorba y me quede por aquí para siempre... ¡Uffff, qué horror!
La Taberna
C/ Hernán Cortés
Santander.
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miércoles, 25 de septiembre de 2013
LAS BRISAS, HOTEL.
Yo no sé que tiene Santander, pero es que es un filón para este blog. Si no tengo nada que poner en semanas porque parece ser que la hostelería se está poniendo las pilas... Es venir a Santander y tener que seleccionar cuidadosamente qué sitio me decepciona más.
Este delicado hotel (porque cruje) es un edificio del siglo XIX situado en la zona de El Sardinero. La habitación que me ha tocado, es, por no decir otra cosa, de risa. Los pies se me salen de la cama (mido 185cm), según en qué parte tengo que mirar hacia arriba para no cabecear demasiado el techo. Ojo con el retrete, si te levantas lo más mínimo, cabezazo de nuevo. En apenas cuatro metros cuadrados son muchas las maneras de las que puede uno lesionarse aquí.
Volvamos a la cama. La ropa, colcha, edredón, sábanas, etc, también son del siglo XIX, y esto sí que se nota, a parte de los mugrientos cojines que hay sobre ella. La pena es que apenas hay hacia donde retirarlos... Al suelo... ¡Uy, no! En el suelo está la maleta y no cabe en otro lado. Ya está, encima de la silla... ¡Vaya! Tampoco. Está el ordenador. Pues debajo de la cama de una patada... ¡Claro! Por eso tienen tanta mugre... Y en cuanto al colchón, si alguien se quiere coger una baja por lumbago, que se eche un par de horitas. No se libra ni el Tato. Por cierto, hay un olor a cloaca permanentemente embadurnando la habitación. (301)
Cuando llegué ya me habían cobrado con el número de tarjeta que dicen que es sólo para garantizar la reserva, no para cobrar por adelantado. Y no me extraña, es para marcharse corriendo nada más verlo. Y el agradable solarium que dicen en la web que tienen... No sé cuándo le dará el sol, pero no muchas horas al día. Y no es nada agradable...
Estoy seguro de que en Santander hay cientos de sitios que merezcan la pena, pero últimamente me cuesta un huevo dar con ellos. Los hay y conozco unos cuantos, pero no salen aquí por lo que todos sabemos ya.
Para los escépticos, les invito a comprobarlo por ellos mismos, aunque no se lo recomiendo.
http://www.hotellasbrisas-santander.com/hotel-overview.html
Este delicado hotel (porque cruje) es un edificio del siglo XIX situado en la zona de El Sardinero. La habitación que me ha tocado, es, por no decir otra cosa, de risa. Los pies se me salen de la cama (mido 185cm), según en qué parte tengo que mirar hacia arriba para no cabecear demasiado el techo. Ojo con el retrete, si te levantas lo más mínimo, cabezazo de nuevo. En apenas cuatro metros cuadrados son muchas las maneras de las que puede uno lesionarse aquí.
Volvamos a la cama. La ropa, colcha, edredón, sábanas, etc, también son del siglo XIX, y esto sí que se nota, a parte de los mugrientos cojines que hay sobre ella. La pena es que apenas hay hacia donde retirarlos... Al suelo... ¡Uy, no! En el suelo está la maleta y no cabe en otro lado. Ya está, encima de la silla... ¡Vaya! Tampoco. Está el ordenador. Pues debajo de la cama de una patada... ¡Claro! Por eso tienen tanta mugre... Y en cuanto al colchón, si alguien se quiere coger una baja por lumbago, que se eche un par de horitas. No se libra ni el Tato. Por cierto, hay un olor a cloaca permanentemente embadurnando la habitación. (301)
Cuando llegué ya me habían cobrado con el número de tarjeta que dicen que es sólo para garantizar la reserva, no para cobrar por adelantado. Y no me extraña, es para marcharse corriendo nada más verlo. Y el agradable solarium que dicen en la web que tienen... No sé cuándo le dará el sol, pero no muchas horas al día. Y no es nada agradable...
Estoy seguro de que en Santander hay cientos de sitios que merezcan la pena, pero últimamente me cuesta un huevo dar con ellos. Los hay y conozco unos cuantos, pero no salen aquí por lo que todos sabemos ya.
Para los escépticos, les invito a comprobarlo por ellos mismos, aunque no se lo recomiendo.
http://www.hotellasbrisas-santander.com/hotel-overview.html
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viernes, 16 de agosto de 2013
LA CUADRA DE ANTÓN
Este garito, al que deberían llamarlo La Cuadra a secas, ya que si Antón existió alguna vez y le puso su nombre a este restaurante, o era un inconsciente o le gustaba dar batalla para comer tanto como a un tontín una tiza...
Fui allí porque reservamos debido a que un amigo quería ir (que por cierto, no fue, por lo que creo que pudo ser una broma pesada), pero yo ya me lo imaginaba. A las 22:00, para cuatro. Llegué veinte minutos tarde debido al tráfico del verano en la ciudad, en cambio, mis otros amigos fueron muy puntuales. Los camareros no paraban de presionarles para que me llamaran porque si no, no podían guardarnos la mesa ya que la demanda era enorme (no me lo explico, pero cierto). Así que llegué a los quince minutos y todos corriendo para la mesa. Nos sentamos, y el primer camarero que se acercó por allí tardó más de media hora en aparecer con las cartas... ¡¡¡Tócate los peremendengues!!! No sé por qué no nos fuimos mientras esperábamos, hubiésemos ahorrado dinero y salud.
Para compartir:
Pastel de cabracho: malo, saburucio a pesacaducio atrasado, con alioli para untar. Claro, si no como lo comes... Yo ni así.
Croquetas: de jamón, reguleras, pasables, para no repetir.
Una tortilla: lo mejor, manda güebos...
Fritos de pixin (rape): con salsa de oricios... ¿Quién habrá sido el fiera que pensó la receta? Me imagino que es para camuflar los sabores con la salsa. Ni los probé, no me quedaban ganas de experimentar. Así que no pondré la cantidad de improperios que me dijeron mis compañeros ya que no sería una percepción personal que es la base de este blog.
Mal atendidos, con la presión de la espera para nada más que tocar los cojones, y perdón... Y en cima nos tuvimos que levanta a pagar porque no nos hacían ni puñetero caso.
No me valen las excusas de, habría mucha gente (mete más personal, pasta tendrás), tendrían un mal día (dedícate a otra cosa) o similares que se buscan para excusar lo inexcusable.
Este maravilloso sitio, se encuentra en la calle San Bernardo de Gijón, cerca del Ayuntamiento, por si les gusta el riesgo y prefieren comprobar que no miento...
Salud y buenos alimentos.
Fui allí porque reservamos debido a que un amigo quería ir (que por cierto, no fue, por lo que creo que pudo ser una broma pesada), pero yo ya me lo imaginaba. A las 22:00, para cuatro. Llegué veinte minutos tarde debido al tráfico del verano en la ciudad, en cambio, mis otros amigos fueron muy puntuales. Los camareros no paraban de presionarles para que me llamaran porque si no, no podían guardarnos la mesa ya que la demanda era enorme (no me lo explico, pero cierto). Así que llegué a los quince minutos y todos corriendo para la mesa. Nos sentamos, y el primer camarero que se acercó por allí tardó más de media hora en aparecer con las cartas... ¡¡¡Tócate los peremendengues!!! No sé por qué no nos fuimos mientras esperábamos, hubiésemos ahorrado dinero y salud.
Para compartir:
Pastel de cabracho: malo, saburucio a pesacaducio atrasado, con alioli para untar. Claro, si no como lo comes... Yo ni así.
Croquetas: de jamón, reguleras, pasables, para no repetir.
Una tortilla: lo mejor, manda güebos...
Fritos de pixin (rape): con salsa de oricios... ¿Quién habrá sido el fiera que pensó la receta? Me imagino que es para camuflar los sabores con la salsa. Ni los probé, no me quedaban ganas de experimentar. Así que no pondré la cantidad de improperios que me dijeron mis compañeros ya que no sería una percepción personal que es la base de este blog.
Mal atendidos, con la presión de la espera para nada más que tocar los cojones, y perdón... Y en cima nos tuvimos que levanta a pagar porque no nos hacían ni puñetero caso.
No me valen las excusas de, habría mucha gente (mete más personal, pasta tendrás), tendrían un mal día (dedícate a otra cosa) o similares que se buscan para excusar lo inexcusable.
Este maravilloso sitio, se encuentra en la calle San Bernardo de Gijón, cerca del Ayuntamiento, por si les gusta el riesgo y prefieren comprobar que no miento...
Salud y buenos alimentos.
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viernes, 21 de junio de 2013
EL MOLINO DE PUENTE ARCE
Hace un par de semana estuve en este restaurante de la localidad de Puente Arce. Tiene fama. Que debe ser lo único que tiene, porque yo, con lo que me quedo, es con el bofetón del molinero a la hora de cobrarse.
Nos trajeron una entrada por cuenta de la casa que bueno, se comía bien, aunque a pesar de advertirnos que era una crema de cocido lebaniego, podría haber sido cualquier cosa. Después unas rabas fritas con tinta, en una copa de cóctel, con muy buena presencia que fue lo mejor del día, pero me aventuro a decir que es lo mejor que habrán cocinado en esos fogones desde que tuvieron la idea de montar un restaurante en esa casa. En fin... Viendo el plato de pescado recomendado por la casa (San Martín) presentado en dos minilomos insípidos, y unas carrilleras envenenadas con jengibre, ya se me agotan las ganas de verle algo bueno para volver a pasar por delante del restaurante a menos de 100km/h. Por supuesto, de postre ni hablamos. Se nos quitaron las ganas de todo.
No soy cocinero, y supongo que es muy difícil hacer buenos platos con buenos sabores. Pero estoy seguro que el resultado que en este garito obtienen al convertirlo todo en algo nada apetecible es igual de difícil o más.
Lo único que puedo decir es que el personal es bastante amable y de aspecto impecable, bastante poco común por la zona, o la provincia. Y el local original, agradable y casi acogedor. Ahora bien, por mi pueden llamar a los tanques para que lo derriben de un obusazo y le pasen las orugas por encima.
Ah, la cuenta, más de 150€ sin postre y sin vino para tres
Nos trajeron una entrada por cuenta de la casa que bueno, se comía bien, aunque a pesar de advertirnos que era una crema de cocido lebaniego, podría haber sido cualquier cosa. Después unas rabas fritas con tinta, en una copa de cóctel, con muy buena presencia que fue lo mejor del día, pero me aventuro a decir que es lo mejor que habrán cocinado en esos fogones desde que tuvieron la idea de montar un restaurante en esa casa. En fin... Viendo el plato de pescado recomendado por la casa (San Martín) presentado en dos minilomos insípidos, y unas carrilleras envenenadas con jengibre, ya se me agotan las ganas de verle algo bueno para volver a pasar por delante del restaurante a menos de 100km/h. Por supuesto, de postre ni hablamos. Se nos quitaron las ganas de todo.
No soy cocinero, y supongo que es muy difícil hacer buenos platos con buenos sabores. Pero estoy seguro que el resultado que en este garito obtienen al convertirlo todo en algo nada apetecible es igual de difícil o más.
Lo único que puedo decir es que el personal es bastante amable y de aspecto impecable, bastante poco común por la zona, o la provincia. Y el local original, agradable y casi acogedor. Ahora bien, por mi pueden llamar a los tanques para que lo derriben de un obusazo y le pasen las orugas por encima.
Ah, la cuenta, más de 150€ sin postre y sin vino para tres
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lunes, 24 de septiembre de 2012
El Secreto de Güelita
O en Castellano, el Secreto de la Abuelita. LLegué a este local situado el el barrio de La Guía de Gijón por indeciso y haber elegido sin alguna preferencia entre otros tres lugares más. Siempre lo había evitado por el mero hecho de que el nombre me parecía unan cursilería y una horterada. Pero nunca había oído nada malo de este restaurante. Es más, sólo tenía buenas referencias, de hace tiempo, dos... No son muchas, pero eran positivas.
Sábado por la noche, 22:00 horas. Llegamos al restaurante. Dos mesas ocupadas de unas veinte, y con la nuestra tres. Sin duda, lo primero que te viene a la cabeza es la crisis. Hasta que pasa muy poco tiempo. Viene un amable camarero a decirnos lo que podemos degustar fuera de la carta y se va por donde ha venido convencido de haber empezado bien su trabajo. Cuando ya habíamos decidido uno de los platos principales se acerca a darnos la lista de lo que ya no tenían de la carta, entre lo que por supuesto estaba nuestra selección. Bueno, pues nos enumeró casi el 40% de la carta. Bien, pudo haber sido un fin de semana de mucho ajetreo, comprensible.... Cuando ya nos decidimos totalmente por el resto de platos que si tenían... ¡¡Zás!! La primera en la frente.
- Lo siento, no tenemos paletilla tampoco - me espeta el camarero.
- Eso no lo habías dicho - le respondí con una mirada incrédula
¡Vaya! Se le había olvidado mencionar ese pequeño detalle, asi que del 40% de los platos de las carnes de la carta se quedaba en el 60%. ¿Cómo se puede abrir un restaurante si te falta el 60% de lo que ofreces en teoría?
- Tomaré entrecott entonces
- ¿Cómo lo quiere?
- Muy poco hecho, por favor.
En el transcurso de recogernos las cartas y traernos la comida, nos sirvieron una entradita por cortesía de la casa. Pastel de morcilla matachana helado. No me vuelve loco la morcilla matachana, pero si le añades una baja temperatura y una textura nocillera, pues eso, te que da una nocilla poco apetecible a vista y gusto que por descontado quedó casi entera en el plato. Y es que si no eres creativo, la cocina no es lo tuyo y además eres un chapucero, lo mejor es que no te arriesgues a hacer filigranas, porque con toda seguridad harás un churrete como esta invención del que asó la manteca.
Después unas croquetas que habíamos pedido con antelación y unos escalopines a la plancha. Muy graciosa la presentación de las croquetas con patatas fritas de bolsa en el centro. Y menos mal ya que eran lo mejor del plato, porque la verdad es que no se podían comer. Esa masa con textura fangosa y terrosa a la vez que se te queda en el primer anillo del esófago pidiendo un empujón a base de palo, como quien carga un mosquetón con una bala y empuja con una vara la pólvora contra el plomo...
Entre las croquetas y el segundo plato pasó un buen rato.No me extraña, deben tener el tiempo calculado que tardan desde la boca al estómago y como eran ocho no me extrañaría que estimasen al menos una hora. Pero como no las comimos, nos tocó esperar un ratito.
Los segundos sin el mayor comentario salvo que al camarero o al cocinero (no investigué a cual de los dos exactamente) se la soplaba ampliamente cual era mi gusto sobre la carne, por lo que me quedé un poco intrigado con el hecho de que me lo preguntaran antes de hacerme el pedazo de grasa con ribetes de carne a los lados.
Lamentándolo mucho, no me queda más remedio que hacer mención a que todo esto estuvo acompañado del olor a sobaco reposado del camarero. Qué le vamos a hacer, no era nuestra noche. Hacía tiempo que no me iba a casa con la sensación de haber tirado el dinero de la manera más tonta del mundo, pero... Una y no más. Evidente es que salimos corriendo sin postre ni café, por si las moscas.
Como siempre, no les animo a que lo comprueben por ustedes mismos, pero si se animan, ya saben, no tiene pérdida. Aunque no les recomiendo que comprueben cual es el verdadero secreto de güelita, ya que les adelanto yo que radica en ocultar lo verdaderamente malo que es este restaurante hasta que ya estás sentado.
Sábado por la noche, 22:00 horas. Llegamos al restaurante. Dos mesas ocupadas de unas veinte, y con la nuestra tres. Sin duda, lo primero que te viene a la cabeza es la crisis. Hasta que pasa muy poco tiempo. Viene un amable camarero a decirnos lo que podemos degustar fuera de la carta y se va por donde ha venido convencido de haber empezado bien su trabajo. Cuando ya habíamos decidido uno de los platos principales se acerca a darnos la lista de lo que ya no tenían de la carta, entre lo que por supuesto estaba nuestra selección. Bueno, pues nos enumeró casi el 40% de la carta. Bien, pudo haber sido un fin de semana de mucho ajetreo, comprensible.... Cuando ya nos decidimos totalmente por el resto de platos que si tenían... ¡¡Zás!! La primera en la frente.
- Lo siento, no tenemos paletilla tampoco - me espeta el camarero.
- Eso no lo habías dicho - le respondí con una mirada incrédula
¡Vaya! Se le había olvidado mencionar ese pequeño detalle, asi que del 40% de los platos de las carnes de la carta se quedaba en el 60%. ¿Cómo se puede abrir un restaurante si te falta el 60% de lo que ofreces en teoría?
- Tomaré entrecott entonces
- ¿Cómo lo quiere?
- Muy poco hecho, por favor.
En el transcurso de recogernos las cartas y traernos la comida, nos sirvieron una entradita por cortesía de la casa. Pastel de morcilla matachana helado. No me vuelve loco la morcilla matachana, pero si le añades una baja temperatura y una textura nocillera, pues eso, te que da una nocilla poco apetecible a vista y gusto que por descontado quedó casi entera en el plato. Y es que si no eres creativo, la cocina no es lo tuyo y además eres un chapucero, lo mejor es que no te arriesgues a hacer filigranas, porque con toda seguridad harás un churrete como esta invención del que asó la manteca.
Después unas croquetas que habíamos pedido con antelación y unos escalopines a la plancha. Muy graciosa la presentación de las croquetas con patatas fritas de bolsa en el centro. Y menos mal ya que eran lo mejor del plato, porque la verdad es que no se podían comer. Esa masa con textura fangosa y terrosa a la vez que se te queda en el primer anillo del esófago pidiendo un empujón a base de palo, como quien carga un mosquetón con una bala y empuja con una vara la pólvora contra el plomo...
Entre las croquetas y el segundo plato pasó un buen rato.No me extraña, deben tener el tiempo calculado que tardan desde la boca al estómago y como eran ocho no me extrañaría que estimasen al menos una hora. Pero como no las comimos, nos tocó esperar un ratito.
Los segundos sin el mayor comentario salvo que al camarero o al cocinero (no investigué a cual de los dos exactamente) se la soplaba ampliamente cual era mi gusto sobre la carne, por lo que me quedé un poco intrigado con el hecho de que me lo preguntaran antes de hacerme el pedazo de grasa con ribetes de carne a los lados.
Lamentándolo mucho, no me queda más remedio que hacer mención a que todo esto estuvo acompañado del olor a sobaco reposado del camarero. Qué le vamos a hacer, no era nuestra noche. Hacía tiempo que no me iba a casa con la sensación de haber tirado el dinero de la manera más tonta del mundo, pero... Una y no más. Evidente es que salimos corriendo sin postre ni café, por si las moscas.
Como siempre, no les animo a que lo comprueben por ustedes mismos, pero si se animan, ya saben, no tiene pérdida. Aunque no les recomiendo que comprueben cual es el verdadero secreto de güelita, ya que les adelanto yo que radica en ocultar lo verdaderamente malo que es este restaurante hasta que ya estás sentado.
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martes, 31 de julio de 2012
MONASTERIO VINCCI PUERTO CHICO
Estamos en verano, entiendo que las habitaciones no cuestan lo mismo en verano que en invierno. Y 100€ tampoco me parece una locura para pagar en Santander, el 31 de julio, en Puertochico. Pero... Cuando entro por la recepción la señorita del turno de tarde me ofrece con mucha amabilidad una habitación con vistas a la bahía, sólo por 15€ más. No pico, conozco el hotel de veces anteriores, y en verano, pueden alcanzar los 50ºC sin esfuerzo, ya que les da el sól todo el día... Así que le pido la llave de mi habitación y subo. 806. Ahora entiendo la amabilidad de la recepcionista. Como quién tiene un grano en la cara y echa abundante maquillaje para esconderlo, la intención de esta chica era ocultar el grano del hotel. Deberían haberme dado una llave de hierro de grandes dimensiones ya que no era una habitación lo que me habían dado, si no una celda de meditación de tres metros cuadrados, con un catre para dormir en posición fetal, ya que estirado me saldrían los pies por fuera y sería demasiado lujo para un penitente.
La penitencia no sólo es aplicable al descanso, si no que si lo que te apetece es comer algo en la habitación, sólo se permite quitar el hambre, nada de disfrutar con algún bocado que nos haga caer en el pecado capital de la gula. El sandwich al que inexplicáblemente le ponen el nombre del hotel, cumple a rajatabla los requisitos del penitente. El que ideó la receta tenía muy claro que era para curar pecados y no para deleitar paladares. O eso, o lo creó algún accidentado de tráfico o alguien con un garrotazo en la cabeza, sin duda después de haber perdido los sentidos del gusto y del olfato. Tiene dos pisos, uno con media lata de bonito con salsa de tomate (y punto) y el otro con queso de sandwich. Se me ocurre otra posibilidad del creativo cocinero, y es que no se haya dignado a probar dicha creación. O la que más sensata me parece, y es que no les ha dado la gana de prepararlo como ponía en la carta, ya que culaquier parecido entre lo que me pasaron a la celda y lo que había leído era pura coincidencia. Le saca una arcada hasta al que ha perdido los mencionados sentidos. Seis euros con cincuenta de un seguro proyectil para el cubo de la basura.
En fin... El desayuno, por 15€, digno de cualquier internado escolar. La tortilla de patata está hecha por el mismo tipo que se inventó el sandwich. No digo más.
La penitencia no sólo es aplicable al descanso, si no que si lo que te apetece es comer algo en la habitación, sólo se permite quitar el hambre, nada de disfrutar con algún bocado que nos haga caer en el pecado capital de la gula. El sandwich al que inexplicáblemente le ponen el nombre del hotel, cumple a rajatabla los requisitos del penitente. El que ideó la receta tenía muy claro que era para curar pecados y no para deleitar paladares. O eso, o lo creó algún accidentado de tráfico o alguien con un garrotazo en la cabeza, sin duda después de haber perdido los sentidos del gusto y del olfato. Tiene dos pisos, uno con media lata de bonito con salsa de tomate (y punto) y el otro con queso de sandwich. Se me ocurre otra posibilidad del creativo cocinero, y es que no se haya dignado a probar dicha creación. O la que más sensata me parece, y es que no les ha dado la gana de prepararlo como ponía en la carta, ya que culaquier parecido entre lo que me pasaron a la celda y lo que había leído era pura coincidencia. Le saca una arcada hasta al que ha perdido los mencionados sentidos. Seis euros con cincuenta de un seguro proyectil para el cubo de la basura.
En fin... El desayuno, por 15€, digno de cualquier internado escolar. La tortilla de patata está hecha por el mismo tipo que se inventó el sandwich. No digo más.
miércoles, 29 de febrero de 2012
De cómo el hotel de La Reconquista se vio con un tonto en su plantilla.
Último domingo de febrero de 2012. Año bisiesto, reunión regional de la empresa para la que trabajo. Los años bisiestos suelen coincidir con hechos trágicos, algunos más relevantes que otros, como el hundimiento del Titanic y otros un poco más discretos, pero no menos importante, como el que relataré a continuación.
No dudo de la calidad de la empresa Melia Hoteles, propietaria del hotel de La Reoconquista de Oviedo. De hecho, después de haber pasado tres noches sólo puedo destacar dos cosas negativas, las cuales no son lo suficientemente importantes como para no volver, pero como me aburro, las voy a contar. Pero que quede claro, que si tuviera que volver, volvería.
Resulta que el hotel, de cinco estrellas, es de ese estilo de principios de siglo y se le notan los años, las pocas reformas y que no le vendrían mal unas ventanas nuevas para que no te congelaras en la habitación o en caso de viento fuera, no silbaran. El minibar tenía una temperatura superior a la de la habitación. Problema que se soluciona con altas dosis de calefacción y mantas, no disponibles la primera noche.
Quitando ese mínimo detalle, el personal del hotel se desvivió y demostró una profesionalidad acorde al nombre de la empresa en general y del hotel en particular que representan. Pero claro, se te cuela un tonto en el plantel, y con todo el personal que hay ni te enteras. Hora de la comida del martes, se me acerca la fiera y me pregunta si tomaré vino tinto o blanco.
- Mejor tomaré una cerveza - a lo que el tipo se acerca a una mesa de servicio que tienen para apoyar las bebidas, coge una botella a la que le quedaban dos dedos de líquido y me la vuelca en la copa como quien la tira por el fregadero. Acto seguido se pira corriendo. Le llamo, pero me ignora y busca miradita cómplice con una compañera.
. ¿Perdone? - le aviso cuando vuelve - ¿Me ha echado el culo de una botella? - Le digo aún incrédulo. Ni corto ni perezoso me vuelve a ignorar. Le doy el beneficio de la duda por si viene con otra cerveza, pero no es así. El tipo vuelve y se hace la estatua al lado de su compañera. Le llamo.
- Perdone, llévese esto - refiriéndome a la copa de orina que me había servido - y tráigame una cerveza.
- ¿Qué le pasa a la que le acabo de poner? - Me pregunta el tío con toda su jeta y mirada de macarra, como desafiándome a no sé qué.
- Mire, yo no soy su jefe, no tengo que enseñarle a atender a la gente ni a poner una cerveza, ¿a usted le ponen las cervezas así dónde va?.
- Tranquilícese caballero, ahora le pongo una cerveza - me dice el tío, cómo si me hubiera alterado... Con lo tranquilo que yo estaba.
- No, tranquilícese usted, que yo estoy como una malva.
El tio me pone la cerveza y me espeta que espera que sea de mi agrado. Le doy las gracias lo más educadamente que sé y olvido el incidente. Pues el tío, cada vez que pasa enfrente mío, me mira como con esa expresión de subnormal de barra que intenta decirte que se está quedando con tu cara.
A lo que voy es que, te esmeras para atender a 148 personas durante tres días, con lo difícil que tiene que ser, y se te cuela un tonto del bote intentado echarte todo curro por la borda. Una pena. Luego hay auténticos profesionales en el paro.
Aún así, como ya he dicho, no intento disuadir a nadie de visitar este hotel.
No dudo de la calidad de la empresa Melia Hoteles, propietaria del hotel de La Reoconquista de Oviedo. De hecho, después de haber pasado tres noches sólo puedo destacar dos cosas negativas, las cuales no son lo suficientemente importantes como para no volver, pero como me aburro, las voy a contar. Pero que quede claro, que si tuviera que volver, volvería.
Resulta que el hotel, de cinco estrellas, es de ese estilo de principios de siglo y se le notan los años, las pocas reformas y que no le vendrían mal unas ventanas nuevas para que no te congelaras en la habitación o en caso de viento fuera, no silbaran. El minibar tenía una temperatura superior a la de la habitación. Problema que se soluciona con altas dosis de calefacción y mantas, no disponibles la primera noche.
Quitando ese mínimo detalle, el personal del hotel se desvivió y demostró una profesionalidad acorde al nombre de la empresa en general y del hotel en particular que representan. Pero claro, se te cuela un tonto en el plantel, y con todo el personal que hay ni te enteras. Hora de la comida del martes, se me acerca la fiera y me pregunta si tomaré vino tinto o blanco.
- Mejor tomaré una cerveza - a lo que el tipo se acerca a una mesa de servicio que tienen para apoyar las bebidas, coge una botella a la que le quedaban dos dedos de líquido y me la vuelca en la copa como quien la tira por el fregadero. Acto seguido se pira corriendo. Le llamo, pero me ignora y busca miradita cómplice con una compañera.
. ¿Perdone? - le aviso cuando vuelve - ¿Me ha echado el culo de una botella? - Le digo aún incrédulo. Ni corto ni perezoso me vuelve a ignorar. Le doy el beneficio de la duda por si viene con otra cerveza, pero no es así. El tipo vuelve y se hace la estatua al lado de su compañera. Le llamo.
- Perdone, llévese esto - refiriéndome a la copa de orina que me había servido - y tráigame una cerveza.
- ¿Qué le pasa a la que le acabo de poner? - Me pregunta el tío con toda su jeta y mirada de macarra, como desafiándome a no sé qué.
- Mire, yo no soy su jefe, no tengo que enseñarle a atender a la gente ni a poner una cerveza, ¿a usted le ponen las cervezas así dónde va?.
- Tranquilícese caballero, ahora le pongo una cerveza - me dice el tío, cómo si me hubiera alterado... Con lo tranquilo que yo estaba.
- No, tranquilícese usted, que yo estoy como una malva.
El tio me pone la cerveza y me espeta que espera que sea de mi agrado. Le doy las gracias lo más educadamente que sé y olvido el incidente. Pues el tío, cada vez que pasa enfrente mío, me mira como con esa expresión de subnormal de barra que intenta decirte que se está quedando con tu cara.
A lo que voy es que, te esmeras para atender a 148 personas durante tres días, con lo difícil que tiene que ser, y se te cuela un tonto del bote intentado echarte todo curro por la borda. Una pena. Luego hay auténticos profesionales en el paro.
Aún así, como ya he dicho, no intento disuadir a nadie de visitar este hotel.
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jueves, 19 de enero de 2012
Ligero descontento en El Riojano
Hacía tiempo que no me asomaba por aquí, cosa que aunque no lo parezca son buenas noticias. He venido con una amiga de la ciudad, Santander. La verdad, es que como la mayoría de las veces que he tenido que venir aquí, nunca había oído comentario negativo sobre la tasca, pero... Siempre hay una primera vez, y seré yo, aunque no sea ya precedente, el que lo haga.
Este mesón de nombre El Riojano, está situado en la calle del Río de la Pila, bastante concurrida últimamente en Santander de tarde y de noche. El local está bastante conseguido y resulta acogedor en un principio. La carta es variada, hay un poco de todo, y parece que por el texto es todo apetecible... Yendo al grano; revuelto de perrechicos de primero y un entrecot troceado de segundo. En cuanto al primero, sólo decir que estaba bueno, pero también la duda de que esas setas fueran perrechicos, primero por el ligero sabos a champi, y segundo, por la fecha, ya que son setas casi de primavera...
En cuanto al segundo, 300g de carne, bien cocinada, pero sin carne, como decía el chiste del filete 007, duro y con los nervios de acero. Parecía que la carne estaba unida entre sí por una alambrada de nervio que ni un buen cortafríos seccionaría. Al decirle literalmente al metre: la carne estaba un poco nerviosa, el profesional de la sala, con un pachorrismo directamente proporcional al volumen que él ocupaba en el restaurante, contesta: Ah! sí? Y de postre, ¿tomarán algo? Antente la indiferencia por habernos servido un trozo de basura y el medaigualismo sobre: me da igual lo que te haya parecido la carroña que te acabo de poner... La respuesta fue negativa.
Después de los más que exagerados 47€ decidimos ambos, mi amiga y yo, que debería entrar en este desinteresado blog. Muy a pesar de conocer al dueño y que me caiga bien.
Lo más sorprendente, que al final, con la cuenta, te dan una encuesta de satisfacción, de esas que en la mayoría de los sitios confían que nunca se rellenen, o en caso contrario, sea para hacerles la inmerecida pelota (que de eso existe mucho). Estoy seguro de que mi educadamente cumplimentada encuesta terminará en la cocina de carbón junto con otras miles de otros clientes decepcionados.
Salud.
Este mesón de nombre El Riojano, está situado en la calle del Río de la Pila, bastante concurrida últimamente en Santander de tarde y de noche. El local está bastante conseguido y resulta acogedor en un principio. La carta es variada, hay un poco de todo, y parece que por el texto es todo apetecible... Yendo al grano; revuelto de perrechicos de primero y un entrecot troceado de segundo. En cuanto al primero, sólo decir que estaba bueno, pero también la duda de que esas setas fueran perrechicos, primero por el ligero sabos a champi, y segundo, por la fecha, ya que son setas casi de primavera...
En cuanto al segundo, 300g de carne, bien cocinada, pero sin carne, como decía el chiste del filete 007, duro y con los nervios de acero. Parecía que la carne estaba unida entre sí por una alambrada de nervio que ni un buen cortafríos seccionaría. Al decirle literalmente al metre: la carne estaba un poco nerviosa, el profesional de la sala, con un pachorrismo directamente proporcional al volumen que él ocupaba en el restaurante, contesta: Ah! sí? Y de postre, ¿tomarán algo? Antente la indiferencia por habernos servido un trozo de basura y el medaigualismo sobre: me da igual lo que te haya parecido la carroña que te acabo de poner... La respuesta fue negativa.
Después de los más que exagerados 47€ decidimos ambos, mi amiga y yo, que debería entrar en este desinteresado blog. Muy a pesar de conocer al dueño y que me caiga bien.
Lo más sorprendente, que al final, con la cuenta, te dan una encuesta de satisfacción, de esas que en la mayoría de los sitios confían que nunca se rellenen, o en caso contrario, sea para hacerles la inmerecida pelota (que de eso existe mucho). Estoy seguro de que mi educadamente cumplimentada encuesta terminará en la cocina de carbón junto con otras miles de otros clientes decepcionados.
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viernes, 19 de agosto de 2011
Ley Antifritanga
Hace por lo menos veinte años que esporádicamente entro en esta fritanguería del barrio de La Arena. Es una cafetería sin más, donde al parecer las rosquillas son el plato fuerte. La verdad es que siempre que voy digo que es la última vez, pero mis padres, que son gente de buenas costumbres, son asiduos de este puesto de fritos, cosa que después de veinte años no deja de sorprenderme.
Pues hoy he vuelto con mi madre. Nos sentamos en una mesa de la terraza y al no aparecer nadie en un rato para atendernos, decidimos entrar a pedir y volver a salir. Un café con rosquilla para mi madre y un agua con gas y un pincho de lomo para mi. La temperatura de dentro era la de la sala de máquinas de un petrolero. Todos sudaban como cerdos allí dentro. El olor a fritanga parecía haberse instalado ya en tiempos de la crisis del aceite. Este olor, completamente inconfundible, se impregna en tu ropa instantáneamente. No hace falta que te entretengas un ratito mientras te das cuenta de que el sitio es una basura y te largues sin pedir nada. En un "zas" ya está, tienes que incinerar la ropa cuando llegas a casa, ya nunca volverá a ser la misma. Me estoy imaginando a los camareros sudando sobre los cafés, los pinchos, las rosquillas, los refrescos mientras los llevan en las bandejas o a quién esté en la cocina, repitiendo la misma operación sobre lo que esté preparando.
El caso, es que a los casi veinticinco minutos de haber entrado a pedir (no me levanté y me fui por respeto a mi madre, que también se quedó porque esperábamos a más gente) sale un despistado camarero con nuestro pedido. Muy hábil por su parte haber llegado a la mesa cuando ésta estaba saturada por las consumiciones de los clientes anteriores y no había donde apoyar nada. Apiadándose Dios de él, justo en ese momento se levantaron los clientes de la mesa de al lado, por lo que pudo trasladar todos los deshechos de nuestra mesa a la contigua.
Un café ya fresquito, por la espera de veinticinco minutos, una rosquilla, un agua sin gas (no esperaba menos), pero lo que me dejó atónito fue el pincho de tortilla que traía para mi. Cuando le dije que no había pedido tortilla si no lomo, el tío me empieza a describir las bondades de la tortilla de allí, las cuales me imagino que son una sarta de mentiras, pero cuando le digo que además había pedido agua con gas, este tipo me mira con una cara como si yo estuviera loco. En el tránsito de vuelta para corregir mi pedido intenta vender el pincho sin éxito a otros clientes, lo cual me confirma mis sospechas sobre el dorado y brillante pincho de tortilla.
Desconozco como alguien puede llegar a hacerse fritangófilo, como alguien puede tragarse semejantes tipos de alimentos (mi pincho de lomo goteaba y sólo pude darle dos mordiscos), como alguien puede entrar y permanecer en un sitio donde te hacen esperar 25 minutos después de haber pedido. Cómo alguien puede permanecer en un sitio donde la temperatura supera con creces los 32ºC y huele a podredumbre frita. Y dónde el camarero te vacila y cree que es tu colega.
Viendo este sitio, me pongo a pensar en la Ley Antitabaco, donde se arrinconó a un elevado porcentaje de la sociedad y se les dio trato de parias y de apestados. Que si los sitios olían mal, que luego la ropa no sé qué... Como ese es un debate aparte y no estoy en contra de esa Ley (con matices) no voy a entrar más en él, pero: ¿Qué pasa con los sitios como este? ¿No son perjudiciales para la salud? Física y Mental. ¿No deberíamos cuidarnos de esto? ¡Qué asco por Dios!
La cafetería Manso, está haciendo esquina en la calle homónima con Aquilino Hurlé en Gión. No dejen de visitarlo. Para su información les diré que en breve abrirán una incineradora de ropa justo en el local de al lado.
Pues hoy he vuelto con mi madre. Nos sentamos en una mesa de la terraza y al no aparecer nadie en un rato para atendernos, decidimos entrar a pedir y volver a salir. Un café con rosquilla para mi madre y un agua con gas y un pincho de lomo para mi. La temperatura de dentro era la de la sala de máquinas de un petrolero. Todos sudaban como cerdos allí dentro. El olor a fritanga parecía haberse instalado ya en tiempos de la crisis del aceite. Este olor, completamente inconfundible, se impregna en tu ropa instantáneamente. No hace falta que te entretengas un ratito mientras te das cuenta de que el sitio es una basura y te largues sin pedir nada. En un "zas" ya está, tienes que incinerar la ropa cuando llegas a casa, ya nunca volverá a ser la misma. Me estoy imaginando a los camareros sudando sobre los cafés, los pinchos, las rosquillas, los refrescos mientras los llevan en las bandejas o a quién esté en la cocina, repitiendo la misma operación sobre lo que esté preparando.
El caso, es que a los casi veinticinco minutos de haber entrado a pedir (no me levanté y me fui por respeto a mi madre, que también se quedó porque esperábamos a más gente) sale un despistado camarero con nuestro pedido. Muy hábil por su parte haber llegado a la mesa cuando ésta estaba saturada por las consumiciones de los clientes anteriores y no había donde apoyar nada. Apiadándose Dios de él, justo en ese momento se levantaron los clientes de la mesa de al lado, por lo que pudo trasladar todos los deshechos de nuestra mesa a la contigua.
Un café ya fresquito, por la espera de veinticinco minutos, una rosquilla, un agua sin gas (no esperaba menos), pero lo que me dejó atónito fue el pincho de tortilla que traía para mi. Cuando le dije que no había pedido tortilla si no lomo, el tío me empieza a describir las bondades de la tortilla de allí, las cuales me imagino que son una sarta de mentiras, pero cuando le digo que además había pedido agua con gas, este tipo me mira con una cara como si yo estuviera loco. En el tránsito de vuelta para corregir mi pedido intenta vender el pincho sin éxito a otros clientes, lo cual me confirma mis sospechas sobre el dorado y brillante pincho de tortilla.
Desconozco como alguien puede llegar a hacerse fritangófilo, como alguien puede tragarse semejantes tipos de alimentos (mi pincho de lomo goteaba y sólo pude darle dos mordiscos), como alguien puede entrar y permanecer en un sitio donde te hacen esperar 25 minutos después de haber pedido. Cómo alguien puede permanecer en un sitio donde la temperatura supera con creces los 32ºC y huele a podredumbre frita. Y dónde el camarero te vacila y cree que es tu colega.
Viendo este sitio, me pongo a pensar en la Ley Antitabaco, donde se arrinconó a un elevado porcentaje de la sociedad y se les dio trato de parias y de apestados. Que si los sitios olían mal, que luego la ropa no sé qué... Como ese es un debate aparte y no estoy en contra de esa Ley (con matices) no voy a entrar más en él, pero: ¿Qué pasa con los sitios como este? ¿No son perjudiciales para la salud? Física y Mental. ¿No deberíamos cuidarnos de esto? ¡Qué asco por Dios!
La cafetería Manso, está haciendo esquina en la calle homónima con Aquilino Hurlé en Gión. No dejen de visitarlo. Para su información les diré que en breve abrirán una incineradora de ropa justo en el local de al lado.

(la fotogrfía no es del local aquí mencionado, es simplemente lo que inspira)
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viernes, 8 de julio de 2011
Reciclaje de basuras para comidas DAKAR
No soy muy amigo de las sidrerías, y no por prejuicio, he estado en muchísimas y por eso no me gusta casi ninguna. Pero lo de este sitio no tiene nombre... Me dejé convencer, a pesar de saber lo que iba a pasar, para comer en este inmundo refectorio.
Aconsejado por mi acompañante pedimos una ensalada César (la primera vez que la veo en una sidrería). Una fuente bastante grande de matojos y malas hierbas con alguna que otra hortaliza camuflada, y dos trozos de queso de cabra intragables por el enorme parecido a masilla de tapar agujeros en paredes. El aderezo César, que no estoy muy puesto yo en que consiste, la verdad, es simplemente de aspecto sucio, amarillento, amostazado y grumoso. La tuvimos que dejar prácticamente entera.
Para continuar una de croquetas. M A L A S, con aceitazo de solera de fogón, contundentes, espesas, de saborucio indeterminado, solo puedo decir ¡puaj!
Agua sucia apucherada con filtro de gallumbos de niño recién despañalado. Una cerveza y agua. TREINTA Y DOS, 32 EUROS. Menuda tomadura de pelo. Por cierto, para pelo el del camarero, que parecía la tela de araña de una tarántula. Si le gusta llevar el pelo así por lo menos podría llevar una coleta. No sólo hay que ser limpio, si no parecerlo, y más en un restaurante.
Este sitio fenomenal se encuentra en la calle Juan Alonso de Gijón.
Aconsejado por mi acompañante pedimos una ensalada César (la primera vez que la veo en una sidrería). Una fuente bastante grande de matojos y malas hierbas con alguna que otra hortaliza camuflada, y dos trozos de queso de cabra intragables por el enorme parecido a masilla de tapar agujeros en paredes. El aderezo César, que no estoy muy puesto yo en que consiste, la verdad, es simplemente de aspecto sucio, amarillento, amostazado y grumoso. La tuvimos que dejar prácticamente entera.
Para continuar una de croquetas. M A L A S, con aceitazo de solera de fogón, contundentes, espesas, de saborucio indeterminado, solo puedo decir ¡puaj!
Agua sucia apucherada con filtro de gallumbos de niño recién despañalado. Una cerveza y agua. TREINTA Y DOS, 32 EUROS. Menuda tomadura de pelo. Por cierto, para pelo el del camarero, que parecía la tela de araña de una tarántula. Si le gusta llevar el pelo así por lo menos podría llevar una coleta. No sólo hay que ser limpio, si no parecerlo, y más en un restaurante.
Este sitio fenomenal se encuentra en la calle Juan Alonso de Gijón.
viernes, 17 de junio de 2011
Comedero El Riscal
No encontraba un título apropiado para el tema de hoy, así que he elegido el que mejor definía a la taberna en la que por desgracia nos estafaron hoy. Y solamente hoy, ya que en pasadas ocasiones había estado muy apropiado para cualquier situación que requiriera llenar el buche. Razón por la cual repetí en esta tasca a la que no volveré ni a punta de pistola, ni aunque me lo pida la mayor de las macizas.
Pues resulta que, tomando una caña un amigo y yo por el cada vez más maldito y de moda barrio del Carmen de Gijón, como que nos entró la gusa. Justo enfrente de este calabozo nos encontrábamos cuando daban cerca de las 15:00. Para qué pensar más, en anteriores ocasiones no fue mal, así que... ¡vamos!
Ensalada de bonito con pimientos etc... 18€, buena aunque escasa. Calamares frescos [falta texto, me estaba descojonando] ¡riquísimos oiga! 18€ también. Y para rematar (porque todavía coleábamos) una de fritos de pixín (rape para los castellanoparlantes) bien rebozaditos, con ese colchoncito de adobo esponjoso, con un grosor que lo hace un plato a parte en sí mismo, que desprende grasilla nada más pincharlo con el tenedor... Si lo frotáramos contra la mesa la volveríamos transparente. Curiosamente sabían muy parecidos a los calamares, no puedo imaginar por qué... 23€urazos!!!! Agua sucia con hielo (aunque creo que lo llaman café en algunos sitios), sin postre, una cerveza y un agua, ¡el montante ascendió a la nada desdeñable cifra de 70 pavos! Y para colmo, en una mesa donde apenas cabían una copa y un plato simultáneamente.
Salimos pitando para no volver, ya me notaba con sobrepeso nada más cruzar la puerta.
Pues resulta que, tomando una caña un amigo y yo por el cada vez más maldito y de moda barrio del Carmen de Gijón, como que nos entró la gusa. Justo enfrente de este calabozo nos encontrábamos cuando daban cerca de las 15:00. Para qué pensar más, en anteriores ocasiones no fue mal, así que... ¡vamos!
Ensalada de bonito con pimientos etc... 18€, buena aunque escasa. Calamares frescos [falta texto, me estaba descojonando] ¡riquísimos oiga! 18€ también. Y para rematar (porque todavía coleábamos) una de fritos de pixín (rape para los castellanoparlantes) bien rebozaditos, con ese colchoncito de adobo esponjoso, con un grosor que lo hace un plato a parte en sí mismo, que desprende grasilla nada más pincharlo con el tenedor... Si lo frotáramos contra la mesa la volveríamos transparente. Curiosamente sabían muy parecidos a los calamares, no puedo imaginar por qué... 23€urazos!!!! Agua sucia con hielo (aunque creo que lo llaman café en algunos sitios), sin postre, una cerveza y un agua, ¡el montante ascendió a la nada desdeñable cifra de 70 pavos! Y para colmo, en una mesa donde apenas cabían una copa y un plato simultáneamente.
Salimos pitando para no volver, ya me notaba con sobrepeso nada más cruzar la puerta.
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viernes, 3 de junio de 2011
NH IRUÑA PARK
Estimado Sr. Director:
Actualmente, lo vintage, lo antiguo, en resumidas cuentas, lo de antes, está de moda de nuevo. Es decir, vuelven los 80. Nos damos cuenta que cuida ese hecho al máximo cuando es patente que no se reforma ni un solo detalle del hotel desde esos años. Aunque yo soy de los que prefiere una ligerita reforma en baños y habitaciones y luego colgar una fotito de Los Torero Muertos o de Martirio por las paredes para ambientarlo un poquito en la añorada época. Aún así, enhorabuena, ha conseguido trasladarnos a los ochenta, de hecho anoche me ha parecido cruzarme con Paco Clavel y Juan Perro canturreando alguna coplilla, pero era sólo sugestión por la buena ambientación que ha conseguido/conservado usted aquí.
Por otro lado, también quería felicitarle por la ambientación deportiva. Que las señoras de la limpieza empiezen bien tempranito a dar pelotazos con sus sticks de hockey por los pasillos y golpetazos por las puertas de las habitaciones me ha parecido un detalle conseguidísimo. Incluso hay momentos que parece que se estén peleando de verdad. De hecho, encima de mi habitación parecía como si estuvieran peleando seis o siete de ellas. Luego me he dado cuenta que sólo estaban limpiando, pero ¡qué ímpetu!
Sólo felicitarle de nuevo por su requeteconseguida atmósfera y animarle a conseguir una buena ambientación de los 90 cuando se pongan de moda dentro de unos veinticinco años.
También le diré que, sinceramente, tiene usted (fuera de coñas) uno de los mejores desayunos de todos los hoteles a los que suelo ir.
Reciba un cordial saludo.
J. E. M. F.
Actualmente, lo vintage, lo antiguo, en resumidas cuentas, lo de antes, está de moda de nuevo. Es decir, vuelven los 80. Nos damos cuenta que cuida ese hecho al máximo cuando es patente que no se reforma ni un solo detalle del hotel desde esos años. Aunque yo soy de los que prefiere una ligerita reforma en baños y habitaciones y luego colgar una fotito de Los Torero Muertos o de Martirio por las paredes para ambientarlo un poquito en la añorada época. Aún así, enhorabuena, ha conseguido trasladarnos a los ochenta, de hecho anoche me ha parecido cruzarme con Paco Clavel y Juan Perro canturreando alguna coplilla, pero era sólo sugestión por la buena ambientación que ha conseguido/conservado usted aquí.
Por otro lado, también quería felicitarle por la ambientación deportiva. Que las señoras de la limpieza empiezen bien tempranito a dar pelotazos con sus sticks de hockey por los pasillos y golpetazos por las puertas de las habitaciones me ha parecido un detalle conseguidísimo. Incluso hay momentos que parece que se estén peleando de verdad. De hecho, encima de mi habitación parecía como si estuvieran peleando seis o siete de ellas. Luego me he dado cuenta que sólo estaban limpiando, pero ¡qué ímpetu!
Sólo felicitarle de nuevo por su requeteconseguida atmósfera y animarle a conseguir una buena ambientación de los 90 cuando se pongan de moda dentro de unos veinticinco años.
También le diré que, sinceramente, tiene usted (fuera de coñas) uno de los mejores desayunos de todos los hoteles a los que suelo ir.
Reciba un cordial saludo.
J. E. M. F.
viernes, 1 de abril de 2011
¡MALDITO MALDITO!

He oído hablar de esta taberna miles de veces...
- ¡Oiga! Siempre bien, no se crea...
Sin embargo, nunca me ha apetecido ir, incluso cuando estaba trabajando en una empresa justo al lado (eso necesita otro blog de por si solo). Bueno, circunstancias, gente mal recomendada, te dejas llevar, y al final... ¡Traca! Sentado a la mesa. Bueno, sólo has oído cosas buenas de esta taberna... Tampoco pasa nada, soy un poco prejuicioso.
Una de pulpo a la gallega con cachelos, un cachopo pa' un fartón (comilón, tragón, tripero, zampón), unos del padrón, que lo eran y fueron lo mejor, y un poco de basurilla en general como escalopines y cosas de esas de cumpleaños. ¡Ah! Y calamares frescos, buenos también. ¡Sólo faltaba!
A pesar de esas cosa buenas que nos pusieron tengo que reflejar este sitio aquí porque al probar el hamburguesiano cachopo pude comprobar que no estaba tan bueno como su voraz devorador decía, el pulpo eran unas flemazas de gripe de la buena, cuyo sabor a pulpo se había perdido en una nevera hacía tiempo e impregnado en las variadas estalactitas en las que se habría convertido, sin lugar a duda, el arcón que seguramente tienen para todo en ese local, de las cuales se podría aventurar uno a adivinar la fecha de última apertura del electrodoméstico por la intensidad de olor, que recorría sin obstáculos los alrededores de la fuente. Digamos que el olor era casi a contenedor.
En verdad, la culpa de todo esto, la tiene la gente tan entusiasta de ciertos sitios, esos clientes habituales de esos garitos de los que no se piran aunque les llamen MAMONES a la cara, aunque pidan una birra y le digan...
- Si no está fría ponme otra cosa
- No no, claro que está fría, MAMÓN...
Y tiene razón, está fría para tomarla en el desierto del Sahara, pero saben que le están tomando el pelo, y pasan... Y el tío se mete para adentro y oyen un ruido seco, y no saben realmente lo que es, pero es un corte de manga, y en realidad sí lo saben, pero les da igual, total, a dónde van a ir si no, si no hay más sitios...
- ¿Me cobra?
- Ahora mismo MAMÓN. (Y va el tío, paga, y deja propina. Se está ganando el calificativo)
Como una amiga mía dice, no hay como comer y cenar en casa. Si no es muy probable que te den por el saco.
Se quejan los hosteleros de la crisis. Yo me quejo de los hosteleros. Pero soy tan mamón como todos, porque en vez de quejarme in situ, vengo aquí a desahogarme como un cobarde...
SIDRERIA EL MALDITO
C/ Feijoo, 79 33204 - Gijón
Telf: 98 419 03 85
El contacto lo pongo para que lo comprobéis vosotros mismos.
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jueves, 24 de febrero de 2011
Sheraton Waikiki (Honolulu)
Son casi las doce de la noche. Acabo de aterrizar desde San Francisco y ya no sé cual es la hora que sigue mi organismo, pues es completamente independiente a la hora local. Sheraton Waikiki... ¡Qué bien suena! Por fin un hotelazo. No es que el de San Francisco hubiera estado mal, además, sólo para dormir, estaba genial, céntrico, amplia habitación, bueno, que más se puede pedir por 190$ la noche. Pero es que es oír la palabra Sheraton y me recuerda a aquel de la ciudad de Lisboa. Menudas camas, qué colchones, qué mullidito era todo, era acostarse y caer profundamente narcotizado... Aunque ahora que recuerdo, en el Sheraton de Rascafría (Segovia), en vez de una habitación me dieron el cuarto de las escobas. La maleta y yo no éramos compatibles al mismo tiempo de pie en la habitación. O la maleta encima de la cama o yo. Bueno, era un antiguo monasterio, seguro que todas eran similares, nada de lujos y espacios amplios para la antigua vida monacal. Ya, eso creía yo hasta que al el mismo día de marcharnos vi la de algunos compañeros. Yo estaba en la mazmorra de los condenados y ellos en apacibles celditas. Pero bueno, eso es agua pasada, no tiene nada que ver, estamos en Hawaii.
Entrando en taxi al complejo, la verdad es que impresiona. Tiendas de Louis Vuitton, Bvulgari, etc... Amplísimo hall de recepción, impresionantes mostradores, amabilísimos recepcionistas. ¡¡¡Ups!!! Vaya por Dios, no tenemos habitación. ¿Cómo puede ser? Hicimos la reserva hace un mes. Está todo confirmado. La gordita hawaina, en perfecto y entendible inglés nos dice que no hacen efectivas las reservas hasta 24h antes.
- Vamos hombre, no nos tome el pelo. ¿Qué sentido tiene entonces hacer reservas?
- Bueno en realidad es que no tenemos la doble con dos camas, solo tenemos con una...
- Ya, pero somos hermanos, tampoco somos tan cercanos el uno al otro.
Después de ciertas quejas en un tono amistoso del todo, y apelando a nuestra condición de europeos y de que no podemos entender este contratiempo pues esto nunca pasa in Europe... ¡Coño! De repente una habitación (después de 30 minutos sin movernos de recepción).
-Aloha aloha! Bienvenidos y por allá se va a su habitación.
Seguimos el periplo por el hall, más tiendas, más lujo, 20,000 ascensores... ¡Qué gozada! 6th floor. Se abren las puertas del ascensor, salimos y tengo que mirar hacia atrás. ¿Es un ascensor o una máquina del tiempo? El pasillo se ha vuelto de los años 70, moqueta rancia de color verde rana, levantada en algunas partes, máquina de Pepsi en mitad del pasillo, puertas blancas con la madera cuarteada... Bueno, lo que importa es la habitación.
Aloha!!!!! Grande pero chunga, chunga, chunga. Igual que el pasillo de aspecto, tiene un minibar vacío con una nevera que hace un ruido como si fuera una lavadora. Las ventanas están echas polvo, pero bueno, la cama es amplia y parece cómoda. No tiene wifi y si quieres internet mediante cable y 14$ + tax. En fin, ¿qué más quieres?
Me voy a la playa, y a la piscina, dónde hay un tío que no para de insistirme en que le compre bronceador petroleum free. Esta lleno de japoneses, muy ruidosos por cierto, pero en el fondo es el paraíso benidorniano del Pacífico. Nueve pavos por una birra y a la hamaca. Creo que la próxima ves que venga a Waikiki elegiré otro hotel, sólo por la tarifa diaria (200$) y las expectativas. Tampoco quiero demonizar este hotel, pero es de 90$ tan solo. Y por otro lado, no creo que vuelva de nuevo. ¡Qué lejos, cojones!
miércoles, 2 de febrero de 2011
Ya no lo resisto más.

No era mi intención hablar de este sitio. Primero porque no es un restaurante al que pueda ir uno de casualidad, si no que está en el Parque Tecnológico de Llanera, por lo que si vas allí por algún motivo laboral y es la hora de comer, mala suerte, tienes que comer allí. Y segundo, porque mi oficina está justo encima y por algún motivo que todavía no llego a comprender me daba pena ponerlo aquí, pero es que ... ¡Basta ya, hombre!
El otro día, me tocó otra vez alimentarme en este garito, al que le tengo una manía cultivada con paciencia durante los últimos ocho años. Siempre que me dan las horas de comer allí, procuro hacerme el sueco y escabullirme de alguna manera, poner la excusa de un pariente enfermo o de algún trastorno digestivo que me impide comer en esos momentos. No siempre lo logro y hace unos días tuve la desgracia de tener que sentarme en ese garito.
Como quien se sienta en la consulta de un dentista y empieza a oír los tornos agugereando dentina, escucho la lista del menú de la boca del dueño del comedero: de primero ensalada de patata, ensalada cordobesa, lentejas... Como éramos varios comensales pude ver todos los platos y su más que vaga preparación. La verdad es que al menos la ensalada de patata tenía un aspecto cómico, o al menos eso me pareció ya que yo no la había pedido. Parecía que la habían preparado para algún desdentado. Patatas cocidas semiaplastadas por no sé qué instrumento (espero que no fueran restos escupidos de otro comensal) con cierto acompañamiento que no pude distinguir a simple vista. La cordobesa de risa también, unas hojas de lechuga con jamón del "bueno" y algo rallado por encima, espero que fuera queso... Y mis lentejas, bueno, no estaban del todo mal, si tomas pocas, pero tenían las patatas de la ensalada, muy maceradas y fermentadas... Seguro que eran de la ensalada del día anterior.
De segundo codillo alemán (sí, bueno), pechugas de pollo y pollo al ajillo. Mmmmmmm, no me apetece nada, pero voy a tomar codillo, ya que el pollo y yo no nos llevamos muy allá que digamos. Qué suerte, al menos de aspecto no parece que lo haya estado chupando otro, como sí lo parecen las pechugas de pollo. Las patatas que acompañan todos los platos tienen cierto color grisáceo. Son muchísimas, parece que hoy se quieren deshacer de todas las patatas de la despensa. Las pruebo, y la realidad, solamente por poder hablar de ellas en este blog. Aggggg!!!!!! Es como morder un ojo, nunca he mordido uno, pero tengo la impresión de que son bolas llenas de líquido y que cuendo se muerden echan ese líquido que sale de la boca chiscando o deslizando ese zumo oleoso suavemente por la barbilla. Seguro que no tienen grasa... Y que sólo las han metido en la freidora una vez. Y claro, el aceite es de primera y con poco uso. Imcomprensiblemente, el tío que tengo al lado se relame. Lo que no sé es si es de gusto o que le ha pasado lo mismo que a mi y el aceite que sale de su boca le hace cosquillas en la barbilla también... Por cierto, el codillo viscoso, muy viscoso.
- De postre tenemos...
- Calle hombre, ¿está de broma? ¡El café ya me lo tomo en la oficina que tenemos cafetera!
¿Barato? Puede ser, 8€, depende el aprecio que le tengas a tu organismo, pero en el fondo sí es barato, porque cade vez que como allí no puedo volver a comer en 24h, así que... ¡La pasta que me ahorro!
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