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viernes, 1 de abril de 2011

¡MALDITO MALDITO!


He oído hablar de esta taberna miles de veces...
- ¡Oiga! Siempre bien, no se crea...
Sin embargo, nunca me ha apetecido ir, incluso cuando estaba trabajando en una empresa justo al lado (eso necesita otro blog de por si solo). Bueno, circunstancias, gente mal recomendada, te dejas llevar, y al final... ¡Traca! Sentado a la mesa. Bueno, sólo has oído cosas buenas de esta taberna... Tampoco pasa nada, soy un poco prejuicioso.
Una de pulpo a la gallega con cachelos, un cachopo pa' un fartón (comilón, tragón, tripero, zampón), unos del padrón, que lo eran y fueron lo mejor, y un poco de basurilla en general como escalopines y cosas de esas de cumpleaños. ¡Ah! Y calamares frescos, buenos también. ¡Sólo faltaba!
A pesar de esas cosa buenas que nos pusieron tengo que reflejar este sitio aquí porque al probar el hamburguesiano cachopo pude comprobar que no estaba tan bueno como su voraz devorador decía, el pulpo eran unas flemazas de gripe de la buena, cuyo sabor a pulpo se había perdido en una nevera hacía tiempo e impregnado en las variadas estalactitas en las que se habría convertido, sin lugar a duda, el arcón que seguramente tienen para todo en ese local, de las cuales se podría aventurar uno a adivinar la fecha de última apertura del electrodoméstico por la intensidad de olor, que recorría sin obstáculos los alrededores de la fuente. Digamos que el olor era casi a contenedor.
En verdad, la culpa de todo esto, la tiene la gente tan entusiasta de ciertos sitios, esos clientes habituales de esos garitos de los que no se piran aunque les llamen MAMONES a la cara, aunque pidan una birra y le digan...
- Si no está fría ponme otra cosa
- No no, claro que está fría, MAMÓN...
Y tiene razón, está fría para tomarla en el desierto del Sahara, pero saben que le están tomando el pelo, y pasan... Y el tío se mete para adentro y oyen un ruido seco, y no saben realmente lo que es, pero es un corte de manga, y en realidad sí lo saben, pero les da igual, total, a dónde van a ir si no, si no hay más sitios...
- ¿Me cobra?
- Ahora mismo MAMÓN. (Y va el tío, paga, y deja propina. Se está ganando el calificativo)
Como una amiga mía dice, no hay como comer y cenar en casa. Si no es muy probable que te den por el saco.
Se quejan los hosteleros de la crisis. Yo me quejo de los hosteleros. Pero soy tan mamón como todos, porque en vez de quejarme in situ, vengo aquí a desahogarme como un cobarde...



SIDRERIA EL MALDITO
C/ Feijoo, 79 33204 - Gijón
Telf: 98 419 03 85
El contacto lo pongo para que lo comprobéis vosotros mismos.

jueves, 3 de junio de 2010

El otro viernes, estuve por Oviedo, de trabajo. Vamos, que no estaba en tiempo joco-ocioso, por lo que busqué un sitio donde tomar algo rápido en una barra con una cerveza y listo. Mi compañero de esta ciudad me acompañaba y fue él quién tomó la alternativa de entrar en este comedero.
El local, muy rústico en su decoración y de aspecto saludable, libre de humos (de tabaco) no defraudó las expectativas que tenía puestas en él, que en un principio eran basadas en prejuicios y nada justificadas, ya que ya había decidido que en mi vida jamás entraría ahí por decisión propia.
No tenía mucha hambre, gracias a Dios, así que le dejé a su cuenta y riesgo la responsabilidad de elegir la suerte... Una de calamares y una de croquetas, y dos cervezas. ¿Calamares? ¿Croquetas? ¡Calamares y croquetas se volvieren!
Los calamares, de pálido color, apenas habían tocado el aceite de la freidora, lo cual no sé si es mejor o peor. Cartilaginosas tiras de un material no identificado aún con un sabor indeterminado que no pude analizar del todo bien a causa de la negativa a volver a meter algo de ese plato en la boca.
Las croquetas, esas bolitas de pringue con unos tropezones, casualmente cartilaginosos también, que tuve que escupir en una servilleta y disimuladamente dejar caer al suelo... (Porque soy un cortado, porque era para lanzarla hacia dentro de la cocina). Vamos, un primor... La cerveza no era de las que más me gustan, pero estaría bueno que tuviera motivo par quejarme de ésta también.
Por cierto, cuando entramos detrás nuestro venía fumando una chica a la que le rogaron muy amablemente que apagara el cigarrillo, pues es un local sin humos, como al principio reseñaba. Pero a los diez minutos parecía que se había declarado un incendio el la sala. El motivo, dos chuletones a la piedra de esos que te llevan para que hagas tu todo el trabajo y que llenaron de humo todo. Total que no salí del Tierrastur de la calle Gascona oliendo a tabaco, pero si a fogata. ¡Qué bien!
La cuenta, 24€. Bueno, no es caro, aunque me parece un dineral llevándome esta impresión del restaurante.
Ya se me había olvidado el paso por este "restaurante" pero al ver un grupo de admiradores en una conocida red social, no he podido morderme la lengua.
Saludos y espero de corazón no volver a tener que escribir en este blog.