Estamos en verano, entiendo que las habitaciones no cuestan lo mismo en verano que en invierno. Y 100€ tampoco me parece una locura para pagar en Santander, el 31 de julio, en Puertochico. Pero... Cuando entro por la recepción la señorita del turno de tarde me ofrece con mucha amabilidad una habitación con vistas a la bahía, sólo por 15€ más. No pico, conozco el hotel de veces anteriores, y en verano, pueden alcanzar los 50ºC sin esfuerzo, ya que les da el sól todo el día... Así que le pido la llave de mi habitación y subo. 806. Ahora entiendo la amabilidad de la recepcionista. Como quién tiene un grano en la cara y echa abundante maquillaje para esconderlo, la intención de esta chica era ocultar el grano del hotel. Deberían haberme dado una llave de hierro de grandes dimensiones ya que no era una habitación lo que me habían dado, si no una celda de meditación de tres metros cuadrados, con un catre para dormir en posición fetal, ya que estirado me saldrían los pies por fuera y sería demasiado lujo para un penitente.
La penitencia no sólo es aplicable al descanso, si no que si lo que te apetece es comer algo en la habitación, sólo se permite quitar el hambre, nada de disfrutar con algún bocado que nos haga caer en el pecado capital de la gula. El sandwich al que inexplicáblemente le ponen el nombre del hotel, cumple a rajatabla los requisitos del penitente. El que ideó la receta tenía muy claro que era para curar pecados y no para deleitar paladares. O eso, o lo creó algún accidentado de tráfico o alguien con un garrotazo en la cabeza, sin duda después de haber perdido los sentidos del gusto y del olfato. Tiene dos pisos, uno con media lata de bonito con salsa de tomate (y punto) y el otro con queso de sandwich. Se me ocurre otra posibilidad del creativo cocinero, y es que no se haya dignado a probar dicha creación. O la que más sensata me parece, y es que no les ha dado la gana de prepararlo como ponía en la carta, ya que culaquier parecido entre lo que me pasaron a la celda y lo que había leído era pura coincidencia. Le saca una arcada hasta al que ha perdido los mencionados sentidos. Seis euros con cincuenta de un seguro proyectil para el cubo de la basura.
En fin... El desayuno, por 15€, digno de cualquier internado escolar. La tortilla de patata está hecha por el mismo tipo que se inventó el sandwich. No digo más.
martes, 31 de julio de 2012
miércoles, 29 de febrero de 2012
De cómo el hotel de La Reconquista se vio con un tonto en su plantilla.
Último domingo de febrero de 2012. Año bisiesto, reunión regional de la empresa para la que trabajo. Los años bisiestos suelen coincidir con hechos trágicos, algunos más relevantes que otros, como el hundimiento del Titanic y otros un poco más discretos, pero no menos importante, como el que relataré a continuación.
No dudo de la calidad de la empresa Melia Hoteles, propietaria del hotel de La Reoconquista de Oviedo. De hecho, después de haber pasado tres noches sólo puedo destacar dos cosas negativas, las cuales no son lo suficientemente importantes como para no volver, pero como me aburro, las voy a contar. Pero que quede claro, que si tuviera que volver, volvería.
Resulta que el hotel, de cinco estrellas, es de ese estilo de principios de siglo y se le notan los años, las pocas reformas y que no le vendrían mal unas ventanas nuevas para que no te congelaras en la habitación o en caso de viento fuera, no silbaran. El minibar tenía una temperatura superior a la de la habitación. Problema que se soluciona con altas dosis de calefacción y mantas, no disponibles la primera noche.
Quitando ese mínimo detalle, el personal del hotel se desvivió y demostró una profesionalidad acorde al nombre de la empresa en general y del hotel en particular que representan. Pero claro, se te cuela un tonto en el plantel, y con todo el personal que hay ni te enteras. Hora de la comida del martes, se me acerca la fiera y me pregunta si tomaré vino tinto o blanco.
- Mejor tomaré una cerveza - a lo que el tipo se acerca a una mesa de servicio que tienen para apoyar las bebidas, coge una botella a la que le quedaban dos dedos de líquido y me la vuelca en la copa como quien la tira por el fregadero. Acto seguido se pira corriendo. Le llamo, pero me ignora y busca miradita cómplice con una compañera.
. ¿Perdone? - le aviso cuando vuelve - ¿Me ha echado el culo de una botella? - Le digo aún incrédulo. Ni corto ni perezoso me vuelve a ignorar. Le doy el beneficio de la duda por si viene con otra cerveza, pero no es así. El tipo vuelve y se hace la estatua al lado de su compañera. Le llamo.
- Perdone, llévese esto - refiriéndome a la copa de orina que me había servido - y tráigame una cerveza.
- ¿Qué le pasa a la que le acabo de poner? - Me pregunta el tío con toda su jeta y mirada de macarra, como desafiándome a no sé qué.
- Mire, yo no soy su jefe, no tengo que enseñarle a atender a la gente ni a poner una cerveza, ¿a usted le ponen las cervezas así dónde va?.
- Tranquilícese caballero, ahora le pongo una cerveza - me dice el tío, cómo si me hubiera alterado... Con lo tranquilo que yo estaba.
- No, tranquilícese usted, que yo estoy como una malva.
El tio me pone la cerveza y me espeta que espera que sea de mi agrado. Le doy las gracias lo más educadamente que sé y olvido el incidente. Pues el tío, cada vez que pasa enfrente mío, me mira como con esa expresión de subnormal de barra que intenta decirte que se está quedando con tu cara.
A lo que voy es que, te esmeras para atender a 148 personas durante tres días, con lo difícil que tiene que ser, y se te cuela un tonto del bote intentado echarte todo curro por la borda. Una pena. Luego hay auténticos profesionales en el paro.
Aún así, como ya he dicho, no intento disuadir a nadie de visitar este hotel.
No dudo de la calidad de la empresa Melia Hoteles, propietaria del hotel de La Reoconquista de Oviedo. De hecho, después de haber pasado tres noches sólo puedo destacar dos cosas negativas, las cuales no son lo suficientemente importantes como para no volver, pero como me aburro, las voy a contar. Pero que quede claro, que si tuviera que volver, volvería.
Resulta que el hotel, de cinco estrellas, es de ese estilo de principios de siglo y se le notan los años, las pocas reformas y que no le vendrían mal unas ventanas nuevas para que no te congelaras en la habitación o en caso de viento fuera, no silbaran. El minibar tenía una temperatura superior a la de la habitación. Problema que se soluciona con altas dosis de calefacción y mantas, no disponibles la primera noche.
Quitando ese mínimo detalle, el personal del hotel se desvivió y demostró una profesionalidad acorde al nombre de la empresa en general y del hotel en particular que representan. Pero claro, se te cuela un tonto en el plantel, y con todo el personal que hay ni te enteras. Hora de la comida del martes, se me acerca la fiera y me pregunta si tomaré vino tinto o blanco.
- Mejor tomaré una cerveza - a lo que el tipo se acerca a una mesa de servicio que tienen para apoyar las bebidas, coge una botella a la que le quedaban dos dedos de líquido y me la vuelca en la copa como quien la tira por el fregadero. Acto seguido se pira corriendo. Le llamo, pero me ignora y busca miradita cómplice con una compañera.
. ¿Perdone? - le aviso cuando vuelve - ¿Me ha echado el culo de una botella? - Le digo aún incrédulo. Ni corto ni perezoso me vuelve a ignorar. Le doy el beneficio de la duda por si viene con otra cerveza, pero no es así. El tipo vuelve y se hace la estatua al lado de su compañera. Le llamo.
- Perdone, llévese esto - refiriéndome a la copa de orina que me había servido - y tráigame una cerveza.
- ¿Qué le pasa a la que le acabo de poner? - Me pregunta el tío con toda su jeta y mirada de macarra, como desafiándome a no sé qué.
- Mire, yo no soy su jefe, no tengo que enseñarle a atender a la gente ni a poner una cerveza, ¿a usted le ponen las cervezas así dónde va?.
- Tranquilícese caballero, ahora le pongo una cerveza - me dice el tío, cómo si me hubiera alterado... Con lo tranquilo que yo estaba.
- No, tranquilícese usted, que yo estoy como una malva.
El tio me pone la cerveza y me espeta que espera que sea de mi agrado. Le doy las gracias lo más educadamente que sé y olvido el incidente. Pues el tío, cada vez que pasa enfrente mío, me mira como con esa expresión de subnormal de barra que intenta decirte que se está quedando con tu cara.
A lo que voy es que, te esmeras para atender a 148 personas durante tres días, con lo difícil que tiene que ser, y se te cuela un tonto del bote intentado echarte todo curro por la borda. Una pena. Luego hay auténticos profesionales en el paro.
Aún así, como ya he dicho, no intento disuadir a nadie de visitar este hotel.
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jueves, 19 de enero de 2012
Ligero descontento en El Riojano
Hacía tiempo que no me asomaba por aquí, cosa que aunque no lo parezca son buenas noticias. He venido con una amiga de la ciudad, Santander. La verdad, es que como la mayoría de las veces que he tenido que venir aquí, nunca había oído comentario negativo sobre la tasca, pero... Siempre hay una primera vez, y seré yo, aunque no sea ya precedente, el que lo haga.
Este mesón de nombre El Riojano, está situado en la calle del Río de la Pila, bastante concurrida últimamente en Santander de tarde y de noche. El local está bastante conseguido y resulta acogedor en un principio. La carta es variada, hay un poco de todo, y parece que por el texto es todo apetecible... Yendo al grano; revuelto de perrechicos de primero y un entrecot troceado de segundo. En cuanto al primero, sólo decir que estaba bueno, pero también la duda de que esas setas fueran perrechicos, primero por el ligero sabos a champi, y segundo, por la fecha, ya que son setas casi de primavera...
En cuanto al segundo, 300g de carne, bien cocinada, pero sin carne, como decía el chiste del filete 007, duro y con los nervios de acero. Parecía que la carne estaba unida entre sí por una alambrada de nervio que ni un buen cortafríos seccionaría. Al decirle literalmente al metre: la carne estaba un poco nerviosa, el profesional de la sala, con un pachorrismo directamente proporcional al volumen que él ocupaba en el restaurante, contesta: Ah! sí? Y de postre, ¿tomarán algo? Antente la indiferencia por habernos servido un trozo de basura y el medaigualismo sobre: me da igual lo que te haya parecido la carroña que te acabo de poner... La respuesta fue negativa.
Después de los más que exagerados 47€ decidimos ambos, mi amiga y yo, que debería entrar en este desinteresado blog. Muy a pesar de conocer al dueño y que me caiga bien.
Lo más sorprendente, que al final, con la cuenta, te dan una encuesta de satisfacción, de esas que en la mayoría de los sitios confían que nunca se rellenen, o en caso contrario, sea para hacerles la inmerecida pelota (que de eso existe mucho). Estoy seguro de que mi educadamente cumplimentada encuesta terminará en la cocina de carbón junto con otras miles de otros clientes decepcionados.
Salud.
Este mesón de nombre El Riojano, está situado en la calle del Río de la Pila, bastante concurrida últimamente en Santander de tarde y de noche. El local está bastante conseguido y resulta acogedor en un principio. La carta es variada, hay un poco de todo, y parece que por el texto es todo apetecible... Yendo al grano; revuelto de perrechicos de primero y un entrecot troceado de segundo. En cuanto al primero, sólo decir que estaba bueno, pero también la duda de que esas setas fueran perrechicos, primero por el ligero sabos a champi, y segundo, por la fecha, ya que son setas casi de primavera...
En cuanto al segundo, 300g de carne, bien cocinada, pero sin carne, como decía el chiste del filete 007, duro y con los nervios de acero. Parecía que la carne estaba unida entre sí por una alambrada de nervio que ni un buen cortafríos seccionaría. Al decirle literalmente al metre: la carne estaba un poco nerviosa, el profesional de la sala, con un pachorrismo directamente proporcional al volumen que él ocupaba en el restaurante, contesta: Ah! sí? Y de postre, ¿tomarán algo? Antente la indiferencia por habernos servido un trozo de basura y el medaigualismo sobre: me da igual lo que te haya parecido la carroña que te acabo de poner... La respuesta fue negativa.
Después de los más que exagerados 47€ decidimos ambos, mi amiga y yo, que debería entrar en este desinteresado blog. Muy a pesar de conocer al dueño y que me caiga bien.
Lo más sorprendente, que al final, con la cuenta, te dan una encuesta de satisfacción, de esas que en la mayoría de los sitios confían que nunca se rellenen, o en caso contrario, sea para hacerles la inmerecida pelota (que de eso existe mucho). Estoy seguro de que mi educadamente cumplimentada encuesta terminará en la cocina de carbón junto con otras miles de otros clientes decepcionados.
Salud.
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viernes, 19 de agosto de 2011
Ley Antifritanga
Hace por lo menos veinte años que esporádicamente entro en esta fritanguería del barrio de La Arena. Es una cafetería sin más, donde al parecer las rosquillas son el plato fuerte. La verdad es que siempre que voy digo que es la última vez, pero mis padres, que son gente de buenas costumbres, son asiduos de este puesto de fritos, cosa que después de veinte años no deja de sorprenderme.
Pues hoy he vuelto con mi madre. Nos sentamos en una mesa de la terraza y al no aparecer nadie en un rato para atendernos, decidimos entrar a pedir y volver a salir. Un café con rosquilla para mi madre y un agua con gas y un pincho de lomo para mi. La temperatura de dentro era la de la sala de máquinas de un petrolero. Todos sudaban como cerdos allí dentro. El olor a fritanga parecía haberse instalado ya en tiempos de la crisis del aceite. Este olor, completamente inconfundible, se impregna en tu ropa instantáneamente. No hace falta que te entretengas un ratito mientras te das cuenta de que el sitio es una basura y te largues sin pedir nada. En un "zas" ya está, tienes que incinerar la ropa cuando llegas a casa, ya nunca volverá a ser la misma. Me estoy imaginando a los camareros sudando sobre los cafés, los pinchos, las rosquillas, los refrescos mientras los llevan en las bandejas o a quién esté en la cocina, repitiendo la misma operación sobre lo que esté preparando.
El caso, es que a los casi veinticinco minutos de haber entrado a pedir (no me levanté y me fui por respeto a mi madre, que también se quedó porque esperábamos a más gente) sale un despistado camarero con nuestro pedido. Muy hábil por su parte haber llegado a la mesa cuando ésta estaba saturada por las consumiciones de los clientes anteriores y no había donde apoyar nada. Apiadándose Dios de él, justo en ese momento se levantaron los clientes de la mesa de al lado, por lo que pudo trasladar todos los deshechos de nuestra mesa a la contigua.
Un café ya fresquito, por la espera de veinticinco minutos, una rosquilla, un agua sin gas (no esperaba menos), pero lo que me dejó atónito fue el pincho de tortilla que traía para mi. Cuando le dije que no había pedido tortilla si no lomo, el tío me empieza a describir las bondades de la tortilla de allí, las cuales me imagino que son una sarta de mentiras, pero cuando le digo que además había pedido agua con gas, este tipo me mira con una cara como si yo estuviera loco. En el tránsito de vuelta para corregir mi pedido intenta vender el pincho sin éxito a otros clientes, lo cual me confirma mis sospechas sobre el dorado y brillante pincho de tortilla.
Desconozco como alguien puede llegar a hacerse fritangófilo, como alguien puede tragarse semejantes tipos de alimentos (mi pincho de lomo goteaba y sólo pude darle dos mordiscos), como alguien puede entrar y permanecer en un sitio donde te hacen esperar 25 minutos después de haber pedido. Cómo alguien puede permanecer en un sitio donde la temperatura supera con creces los 32ºC y huele a podredumbre frita. Y dónde el camarero te vacila y cree que es tu colega.
Viendo este sitio, me pongo a pensar en la Ley Antitabaco, donde se arrinconó a un elevado porcentaje de la sociedad y se les dio trato de parias y de apestados. Que si los sitios olían mal, que luego la ropa no sé qué... Como ese es un debate aparte y no estoy en contra de esa Ley (con matices) no voy a entrar más en él, pero: ¿Qué pasa con los sitios como este? ¿No son perjudiciales para la salud? Física y Mental. ¿No deberíamos cuidarnos de esto? ¡Qué asco por Dios!
La cafetería Manso, está haciendo esquina en la calle homónima con Aquilino Hurlé en Gión. No dejen de visitarlo. Para su información les diré que en breve abrirán una incineradora de ropa justo en el local de al lado.
Pues hoy he vuelto con mi madre. Nos sentamos en una mesa de la terraza y al no aparecer nadie en un rato para atendernos, decidimos entrar a pedir y volver a salir. Un café con rosquilla para mi madre y un agua con gas y un pincho de lomo para mi. La temperatura de dentro era la de la sala de máquinas de un petrolero. Todos sudaban como cerdos allí dentro. El olor a fritanga parecía haberse instalado ya en tiempos de la crisis del aceite. Este olor, completamente inconfundible, se impregna en tu ropa instantáneamente. No hace falta que te entretengas un ratito mientras te das cuenta de que el sitio es una basura y te largues sin pedir nada. En un "zas" ya está, tienes que incinerar la ropa cuando llegas a casa, ya nunca volverá a ser la misma. Me estoy imaginando a los camareros sudando sobre los cafés, los pinchos, las rosquillas, los refrescos mientras los llevan en las bandejas o a quién esté en la cocina, repitiendo la misma operación sobre lo que esté preparando.
El caso, es que a los casi veinticinco minutos de haber entrado a pedir (no me levanté y me fui por respeto a mi madre, que también se quedó porque esperábamos a más gente) sale un despistado camarero con nuestro pedido. Muy hábil por su parte haber llegado a la mesa cuando ésta estaba saturada por las consumiciones de los clientes anteriores y no había donde apoyar nada. Apiadándose Dios de él, justo en ese momento se levantaron los clientes de la mesa de al lado, por lo que pudo trasladar todos los deshechos de nuestra mesa a la contigua.
Un café ya fresquito, por la espera de veinticinco minutos, una rosquilla, un agua sin gas (no esperaba menos), pero lo que me dejó atónito fue el pincho de tortilla que traía para mi. Cuando le dije que no había pedido tortilla si no lomo, el tío me empieza a describir las bondades de la tortilla de allí, las cuales me imagino que son una sarta de mentiras, pero cuando le digo que además había pedido agua con gas, este tipo me mira con una cara como si yo estuviera loco. En el tránsito de vuelta para corregir mi pedido intenta vender el pincho sin éxito a otros clientes, lo cual me confirma mis sospechas sobre el dorado y brillante pincho de tortilla.
Desconozco como alguien puede llegar a hacerse fritangófilo, como alguien puede tragarse semejantes tipos de alimentos (mi pincho de lomo goteaba y sólo pude darle dos mordiscos), como alguien puede entrar y permanecer en un sitio donde te hacen esperar 25 minutos después de haber pedido. Cómo alguien puede permanecer en un sitio donde la temperatura supera con creces los 32ºC y huele a podredumbre frita. Y dónde el camarero te vacila y cree que es tu colega.
Viendo este sitio, me pongo a pensar en la Ley Antitabaco, donde se arrinconó a un elevado porcentaje de la sociedad y se les dio trato de parias y de apestados. Que si los sitios olían mal, que luego la ropa no sé qué... Como ese es un debate aparte y no estoy en contra de esa Ley (con matices) no voy a entrar más en él, pero: ¿Qué pasa con los sitios como este? ¿No son perjudiciales para la salud? Física y Mental. ¿No deberíamos cuidarnos de esto? ¡Qué asco por Dios!
La cafetería Manso, está haciendo esquina en la calle homónima con Aquilino Hurlé en Gión. No dejen de visitarlo. Para su información les diré que en breve abrirán una incineradora de ropa justo en el local de al lado.

(la fotogrfía no es del local aquí mencionado, es simplemente lo que inspira)
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viernes, 8 de julio de 2011
Reciclaje de basuras para comidas DAKAR
No soy muy amigo de las sidrerías, y no por prejuicio, he estado en muchísimas y por eso no me gusta casi ninguna. Pero lo de este sitio no tiene nombre... Me dejé convencer, a pesar de saber lo que iba a pasar, para comer en este inmundo refectorio.
Aconsejado por mi acompañante pedimos una ensalada César (la primera vez que la veo en una sidrería). Una fuente bastante grande de matojos y malas hierbas con alguna que otra hortaliza camuflada, y dos trozos de queso de cabra intragables por el enorme parecido a masilla de tapar agujeros en paredes. El aderezo César, que no estoy muy puesto yo en que consiste, la verdad, es simplemente de aspecto sucio, amarillento, amostazado y grumoso. La tuvimos que dejar prácticamente entera.
Para continuar una de croquetas. M A L A S, con aceitazo de solera de fogón, contundentes, espesas, de saborucio indeterminado, solo puedo decir ¡puaj!
Agua sucia apucherada con filtro de gallumbos de niño recién despañalado. Una cerveza y agua. TREINTA Y DOS, 32 EUROS. Menuda tomadura de pelo. Por cierto, para pelo el del camarero, que parecía la tela de araña de una tarántula. Si le gusta llevar el pelo así por lo menos podría llevar una coleta. No sólo hay que ser limpio, si no parecerlo, y más en un restaurante.
Este sitio fenomenal se encuentra en la calle Juan Alonso de Gijón.
Aconsejado por mi acompañante pedimos una ensalada César (la primera vez que la veo en una sidrería). Una fuente bastante grande de matojos y malas hierbas con alguna que otra hortaliza camuflada, y dos trozos de queso de cabra intragables por el enorme parecido a masilla de tapar agujeros en paredes. El aderezo César, que no estoy muy puesto yo en que consiste, la verdad, es simplemente de aspecto sucio, amarillento, amostazado y grumoso. La tuvimos que dejar prácticamente entera.
Para continuar una de croquetas. M A L A S, con aceitazo de solera de fogón, contundentes, espesas, de saborucio indeterminado, solo puedo decir ¡puaj!
Agua sucia apucherada con filtro de gallumbos de niño recién despañalado. Una cerveza y agua. TREINTA Y DOS, 32 EUROS. Menuda tomadura de pelo. Por cierto, para pelo el del camarero, que parecía la tela de araña de una tarántula. Si le gusta llevar el pelo así por lo menos podría llevar una coleta. No sólo hay que ser limpio, si no parecerlo, y más en un restaurante.
Este sitio fenomenal se encuentra en la calle Juan Alonso de Gijón.
viernes, 17 de junio de 2011
Comedero El Riscal
No encontraba un título apropiado para el tema de hoy, así que he elegido el que mejor definía a la taberna en la que por desgracia nos estafaron hoy. Y solamente hoy, ya que en pasadas ocasiones había estado muy apropiado para cualquier situación que requiriera llenar el buche. Razón por la cual repetí en esta tasca a la que no volveré ni a punta de pistola, ni aunque me lo pida la mayor de las macizas.
Pues resulta que, tomando una caña un amigo y yo por el cada vez más maldito y de moda barrio del Carmen de Gijón, como que nos entró la gusa. Justo enfrente de este calabozo nos encontrábamos cuando daban cerca de las 15:00. Para qué pensar más, en anteriores ocasiones no fue mal, así que... ¡vamos!
Ensalada de bonito con pimientos etc... 18€, buena aunque escasa. Calamares frescos [falta texto, me estaba descojonando] ¡riquísimos oiga! 18€ también. Y para rematar (porque todavía coleábamos) una de fritos de pixín (rape para los castellanoparlantes) bien rebozaditos, con ese colchoncito de adobo esponjoso, con un grosor que lo hace un plato a parte en sí mismo, que desprende grasilla nada más pincharlo con el tenedor... Si lo frotáramos contra la mesa la volveríamos transparente. Curiosamente sabían muy parecidos a los calamares, no puedo imaginar por qué... 23€urazos!!!! Agua sucia con hielo (aunque creo que lo llaman café en algunos sitios), sin postre, una cerveza y un agua, ¡el montante ascendió a la nada desdeñable cifra de 70 pavos! Y para colmo, en una mesa donde apenas cabían una copa y un plato simultáneamente.
Salimos pitando para no volver, ya me notaba con sobrepeso nada más cruzar la puerta.
Pues resulta que, tomando una caña un amigo y yo por el cada vez más maldito y de moda barrio del Carmen de Gijón, como que nos entró la gusa. Justo enfrente de este calabozo nos encontrábamos cuando daban cerca de las 15:00. Para qué pensar más, en anteriores ocasiones no fue mal, así que... ¡vamos!
Ensalada de bonito con pimientos etc... 18€, buena aunque escasa. Calamares frescos [falta texto, me estaba descojonando] ¡riquísimos oiga! 18€ también. Y para rematar (porque todavía coleábamos) una de fritos de pixín (rape para los castellanoparlantes) bien rebozaditos, con ese colchoncito de adobo esponjoso, con un grosor que lo hace un plato a parte en sí mismo, que desprende grasilla nada más pincharlo con el tenedor... Si lo frotáramos contra la mesa la volveríamos transparente. Curiosamente sabían muy parecidos a los calamares, no puedo imaginar por qué... 23€urazos!!!! Agua sucia con hielo (aunque creo que lo llaman café en algunos sitios), sin postre, una cerveza y un agua, ¡el montante ascendió a la nada desdeñable cifra de 70 pavos! Y para colmo, en una mesa donde apenas cabían una copa y un plato simultáneamente.
Salimos pitando para no volver, ya me notaba con sobrepeso nada más cruzar la puerta.
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viernes, 3 de junio de 2011
NH IRUÑA PARK
Estimado Sr. Director:
Actualmente, lo vintage, lo antiguo, en resumidas cuentas, lo de antes, está de moda de nuevo. Es decir, vuelven los 80. Nos damos cuenta que cuida ese hecho al máximo cuando es patente que no se reforma ni un solo detalle del hotel desde esos años. Aunque yo soy de los que prefiere una ligerita reforma en baños y habitaciones y luego colgar una fotito de Los Torero Muertos o de Martirio por las paredes para ambientarlo un poquito en la añorada época. Aún así, enhorabuena, ha conseguido trasladarnos a los ochenta, de hecho anoche me ha parecido cruzarme con Paco Clavel y Juan Perro canturreando alguna coplilla, pero era sólo sugestión por la buena ambientación que ha conseguido/conservado usted aquí.
Por otro lado, también quería felicitarle por la ambientación deportiva. Que las señoras de la limpieza empiezen bien tempranito a dar pelotazos con sus sticks de hockey por los pasillos y golpetazos por las puertas de las habitaciones me ha parecido un detalle conseguidísimo. Incluso hay momentos que parece que se estén peleando de verdad. De hecho, encima de mi habitación parecía como si estuvieran peleando seis o siete de ellas. Luego me he dado cuenta que sólo estaban limpiando, pero ¡qué ímpetu!
Sólo felicitarle de nuevo por su requeteconseguida atmósfera y animarle a conseguir una buena ambientación de los 90 cuando se pongan de moda dentro de unos veinticinco años.
También le diré que, sinceramente, tiene usted (fuera de coñas) uno de los mejores desayunos de todos los hoteles a los que suelo ir.
Reciba un cordial saludo.
J. E. M. F.
Actualmente, lo vintage, lo antiguo, en resumidas cuentas, lo de antes, está de moda de nuevo. Es decir, vuelven los 80. Nos damos cuenta que cuida ese hecho al máximo cuando es patente que no se reforma ni un solo detalle del hotel desde esos años. Aunque yo soy de los que prefiere una ligerita reforma en baños y habitaciones y luego colgar una fotito de Los Torero Muertos o de Martirio por las paredes para ambientarlo un poquito en la añorada época. Aún así, enhorabuena, ha conseguido trasladarnos a los ochenta, de hecho anoche me ha parecido cruzarme con Paco Clavel y Juan Perro canturreando alguna coplilla, pero era sólo sugestión por la buena ambientación que ha conseguido/conservado usted aquí.
Por otro lado, también quería felicitarle por la ambientación deportiva. Que las señoras de la limpieza empiezen bien tempranito a dar pelotazos con sus sticks de hockey por los pasillos y golpetazos por las puertas de las habitaciones me ha parecido un detalle conseguidísimo. Incluso hay momentos que parece que se estén peleando de verdad. De hecho, encima de mi habitación parecía como si estuvieran peleando seis o siete de ellas. Luego me he dado cuenta que sólo estaban limpiando, pero ¡qué ímpetu!
Sólo felicitarle de nuevo por su requeteconseguida atmósfera y animarle a conseguir una buena ambientación de los 90 cuando se pongan de moda dentro de unos veinticinco años.
También le diré que, sinceramente, tiene usted (fuera de coñas) uno de los mejores desayunos de todos los hoteles a los que suelo ir.
Reciba un cordial saludo.
J. E. M. F.
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